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07/04/2026
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  • Nietzsche
 

Lo apolíneo y lo dionisíaco, la falsa dicotomía de Nietzsche

Benly Liliana Ramírez Higareda ∙ 8 minutos de lectura

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De acuerdo con la Real Academia Española (RAE 2024), una “dicotomía” es una “dualidad, bipartición, o división en dos partes”. Es decir, que cuando estamos frente a una dicotomía significa que nos enfrentamos a una situación donde se tienen dos opciones que son mutuamente excluyentes y sólo se puede elegir una de ellas; por ejemplo, el bien o el mal, la vida o la muerte, la verdad o la mentira, etc.

En este ensayo explicaré cómo, según Nietzsche, los impulsos apolíneo (razón y lógica) y dionisiaco (placer e instintos) están en dualidad y guerra casi permanente, es decir, se encuentran en una constante dicotomía en el arte. Posteriormente, plantearé dos contraargumentos sobre el por qué considero que la dualidad que nos ofrece Nietzsche es una falsa dicotomía. Después de discutir la validez de los argumentos, reflexionaré sobre cuál considero que es la originalidad y aporte importante que hizo Nietzsche en su época cuando empleó los conceptos apolíneo y dionisíaco. Finalmente, opinaré sobre cómo se pueden retomar sus conceptos en el contexto actual.

 

¿QUÉ ES LO APOLÍNEO Y LO DIONISÍACO?

En la primera obra de Friedrich Nietzsche, titulada El nacimiento de la tragedia (Nietzsche 1872b), se plantea la dualidad entre dos impulsos involucrados durante el desarrollo de arte: lo apolíneo y dionisíaco, representados por los dioses Apolo y Dionisio, respectivamente.

El dios Apolo representa la energía reflexiva, lógica y razonable; busca la verdad superior de las cosas, la perfección y el entendimiento en las figuras, el principium individuationis (individualidad) (Bolson Ruzzarin 2025). En palabras de Nietzsche      (1872b, 34), “Apolo, en cuanto divinidad ética, exige mesura de los suyos, y, para poder mantenerla, conocimiento de sí mismo”.

En cambio, el dios Dionisio representa los instintos humanos, la energía juvenil, la intoxicación y embriaguez; es ese impulso que hace sustraernos de nosotros mismos y nos deja en éxtasis conectados con la naturaleza (Bolson Ruzzarin 2025).  Por ello, Nietzsche (1872a, 4) afirmaría que “estas emociones dionisíacas se despiertan, y a medida que crecen en intensidad todo lo subjetivo se desvanece en un completo olvido de sí mismo”.

 

ARGUMENTO: LO APOLÍNEO Y DIONISÍACO SON LAS DOS FUERZAS OPUESTAS Y DICOTÓMICAS QUE SE EXPRESAN EN EL ARTE

Nietzsche considera que lo apolíneo y dionisíaco son fuerzas contrarias, antagónicas y en constante lucha, como lo menciona en el siguiente fragmento:

A través de Apolo y Dionisio, las dos deidades del arte de los griegos, llegamos a reconocer que en el mundo griego existía una tremenda oposición, en origen y objetivos, entre el arte apolíneo de la escultura, y el arte no imaginativo y dionisíaco de la música (1872b, 5).

Por lo tanto, el argumento que nos plantea en su obra sería el siguiente:

P1: Si una idea está dividida en dos partes excluyentes y opuestas, entonces estamos frente a una dicotomía.
P2: Lo apolíneo (razón) y lo dionisíaco (instinto), son fuerzas opuestas, excluyentes y en constante lucha en la creación artística.
Conclusión: Por lo tanto, lo apolíneo y dionisíaco son una dicotomía durante la creación artística.

Nietzsche criticó fuertemente todo arte, persona o actividad desprovista de la parte dionisíaca. Por ejemplo, él describió a Sócrates como “el primer gran heleno que fue feo” que tiene “un grande y único ojo cíclope” (1872b, 86); sentenció que la ópera es como una “caricatura desprovista de fuerza” (1872b, 155) y opinó que la ciencia es un “aniquilador del drama musical” (1872b, 181).

Ante estas posturas fuertemente dicotómicas entre lo apolíneo y dionisiaco, considero inevitable preguntar, ¿efectivamente existe una línea divisoria clara e inconfundible entre estas dos fuerzas como lo relata Nietzsche?, ¿serán en verdad solamente dos fuerzas las únicas que están involucradas en el desarrollo del arte?

 

CONTRAARGUMENTO 1: LO APOLÍNEO Y DIONISÍACO NO TIENEN UNA LÍNEA DIVISORIA CLARA

No considero que la escultura y la poesía sean necesariamente apolíneas, ni que la música que te lleve al éxtasis sea enteramente dionisiaca. Por ejemplo, antes de un concierto musical ¿qué con las largas horas de concentración, composición, ensayos de prueba y error, de práctica, y de refinamiento?, ¿cuentan también como dionisíacas, o serán más apolíneas?

¿Y qué hay de las otras bellas artes?, ¿deberíamos clasificar a la pintura como apolínea por ser arte plástica y a la danza como dionisíaca por latir al ritmo del corazón?, ¿y qué pasa con la danza clásica que requiere técnica y movimientos muy precisos comparado con la danza africana que tiene movimientos primitivos y espontáneos?

¿No será que la división entre lo apolíneo y dionisíaco en realidad no es tan clara si lo vemos más de cerca, con más detenimiento y mayor profundidad? Quizá lo apolíneo y dionisiaco no son mutuamente excluyentes, no son necesariamente antagónicos, tal vez no están en eterna lucha, sino que se mezclan y se necesitan mutuamente.

Por lo anterior, mi primer contraargumento a la dicotomía que nos plantea Nietzsche es el siguiente:

P1: Si la clasificación de lo apolíneo y lo dionisiaco es contundente y claramente opuesta como lo blanco y lo negro, entonces nos encontramos frente a una dicotomía.
Lo apolíneo y dionisiaco tienen diferencias que muchas veces son poco claras, ambiguas y no necesariamente antagónicas.
Por lo tanto, el planteamiento de Nietzsche sobre lo apolíneo y dionisíaco es una falsa dicotomía.

Algunos podrían decir que la división entre lo apolíneo y dionisíaco sí es clara, sólo que existe una mezcla en el arte. Hay momentos apolíneos como en la etapa de aprendizaje y práctica, hay momentos más dionisíacos, como cuando un músico o bailarín está ejecutando una pieza que tiene dominada completamente y sólo se concentra en sentirla e interpretarla con maestría y disfrute.

Entonces se podría opinar que la diferencia es temporal. La creación es apolínea, pero la ejecución es dionisiaca. Al final se mezclan. El mismo Nietzsche contemplaba que podían existir estas “reconciliaciones periódicas” en la lucha perpetua de estas fuerzas (1872a, 2).

Lo anterior no quita que la dualidad entre lo apolíneo y lo dionisíaco sea poco clara, ambigua y, desde mi punto de vista, limitada. Por ejemplo, de acuerdo con Nietzsche, lo apolíneo nos lleva a una individuación, mientras que lo dionisíaco es todo lo contrario, lleva al éxtasis y la sustracción de uno mismo (1872a, 5).

Sin embargo, ¿quién podría afirmar categóricamente que uno no puede llegar al éxtasis y a la sustracción de uno mismo ante la ópera o la poesía? Incluso, podemos tener un sentimiento de enorme contemplación, de unión con la naturaleza y el cosmos, al comprender algún aspecto de la matemática, química, física, biología o alguna otra área de las ciencias exactas, lo cual sería una actividad altamente apolínea, pero curiosamente tendría resultados dionisíacos. Todo científico conoce el éxtasis y el asombro que sintió al comprender que somos polvo de estrellas; que los átomos que conforman tanto la vida como lo inanimado son los mismos; que existen ecuaciones simples que pueden explicar la fuerza de gravedad y la física cuántica, entre muchas otras.

La misma práctica de la filosofía, que requiere del ejercicio de la lógica y la razón, la cual sería clasificada por Nietzsche como apolínea, ¿acaso no nos lleva a bellos momentos de éxtasis y sustracción?

 

CONTRAARGUMENTO 2: LO APOLÍNEO Y DIONISÍACO NO SON LAS ÚNICAS FUERZAS QUE EXISTEN EN LA NATURALEZA HUMANA Y EL ARTE

Aunado a lo anterior, considero que lo apolíneo y dionisiaco no son las únicas fuerzas que influyen en el comportamiento humano. De hecho, el mismo Nietzsche criticó fuertemente a algunas de ellas como la diversión, la religión y la contracultura.

Por ejemplo, Nietzsche menciona que la ópera “ha conseguido despojar a la música, con una rapidez angustiante, de su destino universal dionisíaco e inculcarle un carácter de diversión” (1872b, 121). En cuanto a la religión, el ascetismo, la elevación moral y la santidad, Nietzsche no las ve como opciones viables en la vida, puesto que quien lo haga “pronto se verá obligado a dar la vuelta a su hacha, desanimado y decepcionado” (1872a, 9). Sobre la cultura y contracultura, mencionó que “casi cada tiempo y cada grado de cultura han intentado alguna vez, con profundo malhumor, liberarse de los griegos” (1872, 91).

Además de las fuerzas que acabo de citar, existen otras muchas más que intervienen en el desarrollo del arte, como: la tradición, las condiciones económicas, el contexto histórico, la tecnología disponible, las relaciones de poder, la moral de la época, etc. 

Por lo tanto, mi segundo contraargumento es el siguiente:

Si el arte está influido por más de dos fuerzas, entonces la creación artística no puede ser una dicotomía.
El arte está influido por más de dos fuerzas, que incluyen no sólo lo apolíneo (razón y lógica) y dionisíaco (placeres e instinto), sino otras más como la diversión, la religión, la contracultura, la tradición, las condiciones económicas, el contexto histórico, la tecnología disponible, las relaciones de poder, la moral de la época, etc.
Por lo tanto, el planteamiento de Nietzsche sobre lo apolíneo y dionisiaco en el arte es una falsa dicotomía.

De acuerdo con Nietzsche (1872a, 4), Apolo es quien nos envuelve en un velo de maya, que es esta ilusión protectora que la razón nos da, como si fuéramos marineros tranquilos y en calma que no nos damos cuenta que en realidad el mundo exterior es crudo, y que estamos navegando dentro de una frágil barca en medio de un mar de tormentos.

A su vez, Nietzsche afirma que la tarea suprema y verdaderamente seria del arte es “redimir al ojo de penetrar con su mirada en el horror de la noche y el salvar al sujeto” (1872b, 121). Sin embargo, irónicamente, la dicotomía entre lo apolíneo y dionisíaco en el arte que nos plantea Nietzsche es otro velo de maya. La creación artística es todavía más caótica, más compleja y multifactorial, pero él nos lanza dos conceptos donde encasillar las fuerzas poderosas que intervienen en el comportamiento humano y en el arte, sobresimplificando la realidad, subestimando matices, haciendo que nuestra barca parezca navegar entre dos corrientes, cuando en realidad este mar tiene muchas más olas, vientos, tempestades y profundidades.

Considero que Nietzsche termina como el pez, muriendo por su propia boca.

 

CONCLUSIÓN

Las dicotomías son conceptualmente valiosas, aunque sean simplificaciones o aproximaciones, para comprender la realidad. Lo apolíneo y dionisíaco son conceptos importantes que aportó Nietzsche para la interpretación del desarrollo del arte, que aunque sean una falsa dicotomía, resultan útiles para abordar no sólo el tema del arte, sino de todo lo humano. Por eso, sería injusto detenernos sólo en la crítica de que Nietzsche nos plantea una falsa dicotomía. Vale la pena rescatar sus puntos y entender cómo estos siguen vigentes hasta el día de hoy.

Nietzsche parece ser atemporal. Se alejó de los estereotipos de su época, a la que calificaba como demasiado apolínea. Él vivió en el boom de la ciencia, la tecnología y la revolución industrial, pero fue visionario al reconocer que necesitábamos menos ciencia y más sabiduría, ya que la ciencia nos endulzaría los oídos para luego esclavizarnos. Nietzsche también fue visionario al proponer un refugio ante el sufrimiento que no fuera la religión, ni tampoco la razón pura, sino la tragedia y el arte. Él entendió y aceptó la fuerza primitiva de la naturaleza humana; en lugar de reprimirla, olvidarla y negarla. No es casualidad que haya influido no sólo en la filosofía, sino también en el psicoanálisis.

Para Nietzsche, lo apolíneo y dionisíaco no sólo se aplican al arte, sino a cada uno de los aspectos de la vida; por eso menciona que es necesario “ver la ciencia con la óptica del artista, y el arte, con la de la vida” (1872b, 2). Para Nietzsche, el sufrimiento, el horror, la muerte y el sinsentido de vivir se deben enfrentar con ambas fuerzas (apolínea y dionisiaca) sintetizadas en la tragedia. La tragedia es la raíz del verdadero arte, es una necesidad, y hace que vivir valga la pena. Por eso, a la vida se le debe afirmar y decir sí, aunque sea sufrimiento.

¿Qué diría Nietzsche de la época en la que vivimos? Me atrevo a sugerir que opinaría que en el mundo contemporáneo nos falta tanto lo apolíneo como lo dionisíaco, nos falta verdadero arte y tragedia, nos falta “sangre en las venas”. Pensaría, quizá, que vivimos eternamente distraídos, anestesiados, alienados y confundidos, como espectadores en un show que otros produjeron. Tal vez no odiaría tanto a Sócrates, sino que trataría de levantarlo de su tumba, quizá no odiaría tanto la ópera como el reguetón, quizá odiaría aún más a la inteligencia artificial que a la ciencia. Quizá diría que nuestro velo de maya se ha convertido en una cortina muy gruesa y oscura. Quizá diría que no estamos viviendo en una tragedia ática, sino en una comedia muy barata. Muy probablemente se estaría riendo de este ensayo y todo lo que se ha interpretado y malinterpretado de él a lo largo del tiempo. Quizá al terminar de leer este escrito invitaría a hacer una actividad menos apolínea y más dionisíaca, verdadera y exagerada y exquisitamente dionisíaca, ¿no cree, estimado lector?

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Bibliografía

Bolson Ruzzarin, Mateus. «Clase "Nietzsche".» Grupo Ae10. 2025.

Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Cap I al III. Traducido por Mateus Bolson Ruzzarin y Eliot Zea Alvarado. Mindshop. Week 8. Lectura principal, 1872a.

Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. ePUB (completo), 1872b, 212.

 

1 Comment

  1. Ernesto Peña dice:
    21/04/2026 a las 3:21 pm

    Muchas gracias por tú ensayo, lo disfrute y me ayudo a entender (talvez), un poco más otros conceptos que he estado leyendo. Recibe un cordioal saludo y que tengas un hermoso día con sentimientos apolíneos y destellos de razonamiento dionisíaco.

    Responder

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