Logo en png de Mindshop Knoweldge SocietyLogo en png de Mindshop Knoweldge SocietyLogo en png de Mindshop Knoweldge SocietyLogo en png de Mindshop Knoweldge Society
  • Inicio
  • Quienes somos
    • Sociedad
    • Ciclos
      • Filosofía General
        • Historia de la Filosofía Griega Antigua
      • Otros Campos de Conocimiento
    • Dialécticas
    • Alumnos
    • Maestros
    • Contacto
      • Contáctanos
      • FAQs
  • Sangre & Suerte
  • Ensayos
  • Tienda
    • Mind-Shop
    • Donaciones
0

$0

✕
08/07/2026
Categorías
  • Adorno
  • Nietzsche
Etiquetas
  • Adorno
  • Marcuse
  • Nietzsche
 

Lo apolíneo y lo dionisíaco al servicio de la mercantilización.

Lizeth Stefania Salguero M. ∙ 12 minutos de lectura

Esta línea verde funciona para estructurar textos en el sitio de Mindshop

En el presente ensayo pretendo explicar con detenimiento la interpretación de los conceptos      nietzscheanos de lo apolíneo y lo dionisíaco en la manifestación artística. Para Nietzsche, lo apolíneo es la creación del arte de la escultura, la arquitectura, las formas bellas y el sueño. Lo dionisíaco es la creación del arte de la música, la danza, el canto, el desbordamiento y la embriaguez. Estos conceptos permiten entender no solo la experiencia cultural de los griegos, sino de la naturaleza misma. Lo anterior con el fin de analizar cómo actualmente lo apolíneo y lo dionisíaco están mercantilizados, lo que tiene como consecuencia la pérdida de la capacidad vital de afirmar la vida, a pesar del dolor.  

Este ensayo será desarrollado de la siguiente manera: I Proporcionaré el contexto, ejemplos y comentarios pertinentes a cada concepto (apolíneo y dionisiaco). II Contrastare, comparare cada concepto y abordaré cómo se complementan. III Mostraré contraargumentos a la interpretación que Nietzsche establece y las debilidades de estos contraargumentos. IV Analizaré por qué cada uno de estos conceptos está mercantilizado. V) Explicaré cómo, a partir del análisis desarrollado, mi postura tiene que ver con cómo la mercantilización de estos dos conceptos deja de lado el desarrollo de estas energías para separar a las personas de su propia intensificación vital y así caer en un pesimismo pasivo que tiene como consecuencia la pérdida de la capacidad vital de afirmar la vida. 

 

Lo apolíneo y lo dionisiaco en la manifestación artística

I. Nietzsche investiga y estudia el mundo antiguo (arcaico) con el fin de comprender la necesidad de creación artística de aquella época, dice: “el desarrollo continuo del arte está ligado a la dualidad apolínea y dionisíaca”[1]. Para comprender esta necesidad, el autor toma prestados a los dioses Apolo y Dionisio como conceptos, con el propósito de descubrir cómo estas dos fuerzas se manifiestan en la experiencia cultural de los griegos y la naturaleza misma.  Plantea que lo apolíneo, simbolizado como el dios de la luz, el sol y la iluminación, se ve representado en la creación artística de la escultura, arquitectura y estatuas hechas por los griegos, que se caracterizan por la claridad de sus formas y medidas. Así mismo, lo dionisíaco simboliza el dios del vino, la fertilidad, el desbordamiento y los excesos, se ve representado en la creación artística de los coros y ditirambos griegos, caracterizados por la capacidad de borrar los límites que nos separan de los demás y de la naturaleza, propiciando así una sensación unificadora. 

Dicha descripción la realiza con el objetivo de afirmar que estas energías, así como se manifiestan en la cultura, también se manifiestan en la naturaleza y el ser humano. Al ser parte de la naturaleza, el ser humano contiene estos principios en sí mismo, es decir, estas fuerzas se manifiestan en nuestra fisiología, lo que permite hacer visible su interés por demostrar que la necesidad de creación nace de lo más profundo de nuestro ser. Apolo existe como fuerza en cada ser humano y su forma de manifestarse es a través de nuestros sueños, creando imágenes o formas nítidas y visibles. En los sueños podemos diferenciar de manera clara aquellas formas que vemos, creamos dichas imágenes como un mundo alternativo al que vivimos y tenemos la conciencia de saber que estamos soñando.

Sin embargo, Apolo no sólo se manifiesta en los sueños, sino también en los estados de vigilia, lo que significa que todo lo que creamos con formas definidas, medidas exactas y de manera clara, también son creaciones apolíneas. Esto explica por qué Nietzsche insiste en que, al observar las esculturas griegas, podemos identificar la manera “avanzada” en que soñaba esta cultura. Si reflexionamos sobre esta necesidad podemos comprender e identificar que el arte apolíneo es importante porque mantiene el orden, la visibilidad, el control y la dirección de la sociedad. 

Con el fin de comprenderlo mejor, presentaré algunos ejemplos. Al llegar a un lugar nuevo, es evidente que nos dirigimos a un sitio en concreto. Por lo que pensamos en cómo nos podemos ubicar, observamos de manera atenta las calles, pedimos indicaciones y estamos muy atentos a estas. Es difícil pensar en que simplemente empezamos a caminar sin rumbo. Así mismo, pasa cuando queremos enseñar, debemos saber qué tema es el que queremos transmitir, conocer el tema, saber en qué sitio y a qué personas va a estar dirigida esa enseñanza, no tendría mucho sentido enseñar en un lugar vacío. Estas acciones tan obvias permiten entender la naturaleza de Apolo. Sin tener esta necesidad de organización y claridad, no podríamos desenvolvernos de manera adecuada en la vida y en la cotidianidad. De la misma manera, el artista plástico griego hace bosquejos, maquetas y esculturas, utiliza técnicas, pinturas, madera y un sin fin de materiales para representar con claridad la belleza, la proporción y a los dioses de su cultura.  

Una vez comprendido el simbolismo, representación y función de lo apolíneo, ahora continuaré con el desarrollo de la fuerza Dionisíaca. Dionisio existe como fuerza desbordante en cada ser humano y su forma de manifestarse es a través de la intoxicación o embriaguez, que no distingue contornos, borra las diferencias, desdibuja los límites que nos hacen sentir separados, los razonamientos, el conocimiento de lo correcto, y nos sumerge en una sensación total de unidad. Lo dionisíaco representa, para Nietzsche, lo que Schopenhauer plantea como la voluntad, una fuerza irracional que constituye el impulso del cosmos. Esta experiencia la provocan diferentes celebraciones colectivas, cuya expresión es la danza, el canto y la música. Propiciando un éxtasis en el que el individuo se pierde provocando que el hombre deje de ser artista y se convierta en obra de arte[2], pues el yo que crea y está bien definido se desintegra para ser la voluntad o la naturaleza misma, es decir, ser la obra misma. 

Para ilustrar mejor esta experiencia, pondré los siguientes ejemplos. Cuando estamos bajo la influencia del alcohol y el cuerpo entra en este estado de embriaguez, nos desinhibimos, hablamos con cualquier persona, se disuelve nuestro yo, lloramos, reímos, podemos expresar lo que pensamos y sentimos sin filtros, se borran los límites y, más que ser una persona individual, nos volvemos una parte más del mundo y la vida misma. Del mismo modo, sucede cuando bailamos en colectivo y de repente los diferentes movimientos liberan una fuerza del cuerpo que se sincroniza con los de los demás, generando un sentimiento de pertenencia y la expresión de ser la naturaleza misma. La necesidad de esta fuerza desbordante de los ditirambos y cantos griegos provocan esa sensación de éxtasis, al romper el estado de separación, se libera toda la fuerza que contiene la forma y la medida, para así poder experimentar una libertad total. Esta necesidad de desborde y liberación adquiere bastante importancia, si nos detenemos a pensar en que el dolor y los instintos deben tener una válvula de escape. Además, conviene aclarar que existen dos tipos de embriaguez, una que, al liberar, crea y afirma la vida, y otra que evade y genera decadencia en el sujeto.

Es importante conocer que la energía Apolínea era la que más fuerza tenía en aquella época y, como ya mencioné, la podemos apreciar en su escultura y arquitectura. Mientras tanto, la energía dionisíaca estaba presente en los bárbaros, los cuales los artistas apolíneos mantenían alejados. Sin embargo, los impulsos dionisíacos no se demoraron en manifestar, lo que conllevó una lucha entre estas fuerzas que terminó en la “conexión” o “encuentro” de estas dos fuerzas, que es lo que Nietzsche va a llamar la tragedia griega. Que se ve representada en los dramas del teatro clásico griego.

Estos dramas contienen los dos principios representados al mismo tiempo. De un lado, lo apolíneo en la estructura y organización de la narración, los diálogos y actores. Del otro lado la música, el coro, la danza y los instrumentos. Para Nietzsche, la tragedia griega muestra cómo por medio del arte se equilibran y reconcilian estas fuerzas. La grandeza de los griegos consiste en que su cultura era plenamente consciente de que la vida en sí misma es dolor, crueldad y horror, y a pesar de esto optaron por afirmar la vida. 

II. Lo anterior me permite comparar y contrastar estos principios, así como abordar cómo se complementan. Profundizando en el simbolismo y funciones de lo apolíneo y lo dionisíaco, se puede observar que comparten el ser fuerzas artísticas creadoras y derivadas de la necesidad de soportar la vida. Su importancia se ve reflejada al ser necesidades fisiológicas, que son fundamentales para el correcto funcionamiento de la psiquis y la cultura. Por un lado, el sueño repara y estabiliza el cuerpo y el ánimo, y por ende la capacidad de organización en la vida cotidiana. Del otro lado, el éxtasis como desbordamiento desfoga los instintos y la sensación de unidad permite la liberación de tensiones reprimidas y la sensación de unidad con los otros, generando así una intensificación o potencia vital necesaria para el día a día. La ausencia y desequilibrio de cualquiera de estas dos energías repercutirá directamente en una sociedad trastornada. Por ello, los dos principios integran la tragedia, son necesarios para el arte auténtico.

Por otra parte, en su origen y naturaleza son totalmente diferentes. Las descripciones de estos principios permiten identificar que, mientras lo apolíneo parte de un estado de claridad y su creación está representada en la escultura. Lo dionisiaco parte de un estado de embriaguez y este es representado en la música. Apolo mantiene la claridad del yo o principio de individuación, Dionisio lo disuelve. Apolo crea bellas ilusiones, Dionisio revela la unidad primordial de la vida. En Apolo se encuentra placer en la claridad y refugio, en Dionisio hay cierto goce en la destrucción. Son diferentes sus naturalezas, sin embargo, se complementan y necesitan. Para Nietzsche, en la literatura de los griegos se puede evidenciar el sufrimiento, lucha, tortura y horror de la vida (Prometeo, Edipo), lo que permite entender por qué los griegos se vieron impulsados a crear belleza a pesar del caos. Es decir, Apolo nace para dar forma y hacer soportable la realidad de lo dionisíaco. Sin el sufrimiento, no habría necesidad de lo bello, por lo que uno no puede existir sin el otro.

III. Ahora examinaré una de las objeciones más conocidas que existen en contra de la postura de Nietzsche frente al nacimiento de la tragedia. La realizó el Filólogo clásico Ulrich Wilamowitz, argumentando que carecía de rigor académico. El objetivo de esta objeción es demostrar que Nietzsche especulaba y acomodaba sus interpretaciones a las ideas que deseaba sostener. Para Wilamowitz el nacimiento de la tragedia carece de datos históricos y exactos anteponiendo así la especulación filosófica del autor, antes que el método científico[3].  

Con el fin de responder a esta crítica, recurriré al análisis de la siguiente pregunta realizada por Colli ¿Pero se puede decir que las otras interpretaciones de los últimos cien años hayan sido más 'científicas'?[4] Collie plantea que el rigor científico que reclamaban los filólogos tal vez no cumple del todo con sus interpretaciones. Es decir, también carecen o ignoran datos, o proyectan teorías posteriores o las mezclan con las del pasado. Mostrando así cómo ellos también realizan especulaciones cuando dan una interpretación al nacimiento de la tragedia. 

 

Lo apolíneo y lo dionisiaco Mercantilizados 

IV. Para entender esta mercantilización, es importante conocer el fenómeno moderno -consumismo- que permite esta dinámica y que está fundamentalmente relacionado con la creación, circulación y consumo de imágenes vaciadas de experiencia auténtica, con los otros y con las reales necesidades del ser humano. En el contexto actual, el consumismo opera como un mecanismo que erosiona la capacidad de afirmación humana a través de la imposición de ideologías, como consideran Adorno y Horkheimer[5]. Esta dinámica está sostenida por un sistema publicitario que busca manipular psicológicamente a las masas.

Mediante sistemas publicitarios, así como lo explica Ewen: “Al servicio del naciente aparato de representación, muchas corporaciones emplearon simultáneamente un aparato científico social. Buscaban controlar y analizar la psicología de las masas, estudiar entre otras cosas el impacto de las imágenes en la mente del consumidor”[6]. La publicidad y los medios de comunicación aquí representan lo apolíneo de nuestra cultura y reflejan cómo en la actualidad las imágenes funcionan ya no como un aliciente a la realidad, sino más bien como herramientas del poder económico, orientando los sistemas de creencias y moldeando comportamientos mediante estrategias de persuasión visual y emocional[7].

De esta manera, la constante manipulación a la que está expuesto el ser humano, muestra igualmente la calidad del sueño de nuestra cultura, que ya no repara, sino que debilita no solo nuestro cuerpo físico, al estar constantemente expuesto a todo tipo de imágenes, sino nuestro espíritu crítico, llevándonos a ser pasivos y conformistas. Esta dinámica no solo transforma y aniquila las capacidades creativas tanto dionisíacas como apolíneas, sino que también nos impide crear nuestras propias imágenes, apariencias o ilusiones. Al mismo tiempo nos impide liberarnos de los instintos del dolor y horror de la vida y nos incapacita a conectarnos con los otros. Esto conduce a un alejamiento de nuestras propias necesidades y de las experiencias que puedan dotar de significado nuestra propia experiencia de vida. 

El sistema económico introduce la idea de una “vida feliz”[8] exponiéndonos a imágenes y música que incitan todo el tiempo a aspiraciones como pertenecer a un grupo exclusivo, proyectar éxito o alcanzar estatus social. Esta promesa de felicidad, presentada de manera constante a través de dichas imágenes, sonidos, bailes y narrativas en los medios, nos desconecta de las necesidades más profundas que tenemos, como seres humanos, de crear.  Esta manipulación continua crea un ciclo de dependencia, en el que el ser humano, inmerso en una época marcada por la inmediatez, la celeridad y la superficialidad, pierde la capacidad de tolerar el dolor, de esforzarse y crear a partir de esto algo que supere y vitalice la propia vida. Esto se ve reflejado en lo que Marcuse denominó pensamiento unidimensional: “Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos útiles son asequibles a más individuos en más clases sociales, el adoctrinamiento que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierten en modo de vida”[9].

 

La pérdida de la capacidad vital de afirmar la vida

V. A lo largo del ensayo, expliqué que, para Nietzsche, lo apolíneo y lo dionisíaco son dos fuerzas artísticas que nacen de la naturaleza y del ser humano. Lo apolíneo, asociado al dios de la luz y el sueño, se expresa en la escultura, la arquitectura y las formas claras y medidas, mantiene el principio de individuación, el orden y la capacidad de crear ilusiones que hacen soportable la vida. Lo dionisíaco, vinculado al dios del vino y la embriaguez, se manifiesta en la música, la danza y el canto, disuelve el yo, borra los límites del yo y la naturaleza, revela la unidad primordial de la vida, permitiendo afirmar la existencia a pesar del dolor y el horror que la acompañan.

Así mismo, estas fuerzas son opuestas, pero complementarias. La tragedia griega las reconcilió al integrar la estructura apolínea (diálogos, actores) con el éxtasis dionisíaco (coro, música). Sin el sufrimiento que muestra lo dionisíaco, no habría necesidad de la creación de la belleza apolínea, y sin el orden apolíneo, el desborde dionisíaco sería puro caos. Frente a la objeción del filólogo Ulrich Wilamowitz, que acusaba a Nietzsche de falta de rigor histórico y de especulación filosófica, planteo una pregunta en defensa: ¿acaso las interpretaciones “científicas” posteriores han sido más rigurosas? Tomo como respaldo la respuesta de Colli, que sostiene que muchos de los criterios que los filólogos utilizan también ignoran datos, proyectan teorías modernas o comparan el nacimiento de la tragedia griega con culturas aún más desconocidas, mostrando que toda interpretación del origen de la tragedia tiene un componente inevitable de especulación.

En la actualidad, lo apolíneo y lo dionisíaco han sido capturados por el sistema consumista. La publicidad y los medios de comunicación utilizan imágenes vacías para manipular psicológicamente a las masas, impidiendo que las personas creen sus propias ilusiones y apariencias. Al mismo tiempo, ofrecen experiencias dionisíacas falsas, música, y bailes que simulan una liberación pero que en realidad evaden el dolor genuino y desconectan de las necesidades profundas de creación que habitan en el ser humano. Esta mercantilización erosiona la capacidad de afirmar la vida a pesar del sufrimiento, genera un pesimismo pasivo conformista y separa a los individuos de su propia intensificación vital, dejándonos sin las herramientas que los griegos sí tuvieron para transformar el horror en belleza y el caos en creación.

A manera de conclusión, mostrar la manera en que actualmente se impide el desarrollo de estas energías en la sociedad, permite reflexionar en torno a que: si se plantea que los griegos, a pesar de saber que la vida en sí misma es sufrimiento, pudieron superar las diferentes situaciones trágicas de la vida mediante su afirmación, ¿Es posible la emancipación de las fuerzas apolíneas y dionisíacas dentro de los marcos de la estética de las mercancías contemporánea?

Esta línea verde funciona para estructurar textos en el sitio de Mindshop

Notas

[1] Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Traducido por Andrés Sánchez Pascual. (Madrid: Alianza Editorial, 2012), 41.
[2] Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, 46.
[3] Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff, ¡Filología del futuro! Crítica a El nacimiento de la tragedia, trad. Marcos Guillermo Breuer, 1a ed. compendiada (Villa María: Eduvim, 2022), 37.
[4] Giorgio Colli, Introducción a Nietzsche, trad. Romeo Medina (México: Folios Ediciones, 1983), 14.
[5] Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos (Madrid: Trotta, 1998), 20.
[6] Stuart Ewen, Todas las imágenes del consumismo: La política del estilo en la cultura contemporánea (México: Grijalbo, 1991), 67.
[7] Ewen, Todas las imágenes del consumismo, 68.
[8] Herbert Marcuse, El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada (Barcelona: Ariel, 1994), 106.
[9] Marcuse, El hombre unidimensional, 42

Bibliografía

Adorno, Theodor W., y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos. Madrid: Trotta, 1998.
Colli, Giorgio. Introducción a Nietzsche. Trad. Romeo Medina. México: Folios Ediciones, 1983.
Ewen, Stuart. Todas las imágenes del consumismo: La política del estilo en la cultura contemporánea. México: Grijalbo, 1991.
Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, Trad. Andrés Sánchez Pascual Madrid: Alianza, 2004.
Marcuse, Herbert. El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Barcelona: Ariel, 1994.
Wilamowitz-Moellendorff, Ulrich von. ¡Filología del futuro! Crítica a El nacimiento de la tragedia. Traducido por Marcos Guillermo Breuer. 1a ed. compendiada. Villa María: Eduvim, 2022.

 

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Etiquetas

Adorno Antropoceno Aristóteles Ayn Rand Cognitive Science Derek Parfit Epicuro Estoicos Heráclito y Parménides Hume Kant Marx Nietzsche Peter Singer Platón Sandra Schapshay Simone de Beauvoir Sócrates Tales de Mileto Todos Tolstoi Tomás de Aquino Yuriko Saito

The Storm

“My wisdom has accumulated long like a cloud, it becomes stiller and darker. So does all wisdom which shall one day bear lightnings.”

–Friedrich Nietzsche, Thus Spake Zarathustra

Categorías

  • Adorno
  • Antropoceno
  • Aristóteles
  • Ayn Rand
  • Cognitive Science
  • Derek Parfit
  • Epicuro
  • Estoicos
  • Heráclito y Parménides
  • Hume
  • Kant
  • Marx
  • Nietzsche
  • Peter Singer
  • Platón
  • Sandra Schapshay
  • Simone de Beauvoir
  • Sócrates
  • Tales de Mileto
  • Todos
  • Tolstoi
  • Tomás de Aquino
  • Yuriko Saito
© 2026 Mindshop Cafe. All Rights Reserved
Diseñado por Abel Sánchez Valdés
0

$0

✕

Acceder

¿Olvidaste la contraseña?

¿Crear una cuenta?

✕

Carrito

Finalizar compra Ver carrito
  • Tienda
  • Mi cuenta
  • 0 Carrito

Contáctanos por WhatsApp para más información