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26/11/2025
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  • Simone de Beauvoir
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  • Mujer
 

La población ignorada: las mujeres

Abraham Morales∙ 11 minutos de lectura

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1.  Introducción

La ética es una de las ramas de la filosofía que ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, buscando determinar lo correcto y lo incorrecto. La ética ha sido casi exclusivamente escrita por hombres, al igual que la mayor parte de la filosofía.

En este ensayo navegaremos por algunas ideas filosóficas de Simone de Beauvoir, una de las pilares del feminismo, el existencialismo y la fenomenología, para intentar responder a la pregunta central.

Esta pregunta nos invita a reflexionar sobre la influencia actual e histórica de la mujer en la ética y sobre lo que aportaría si tuviera una mayor representación en ella. Si bien puede resultar controversial determinar que existe una ‘perspectiva única de la mujer’, en este ensayo analizaremos, con ayuda de Beauvoir, si realmente la hay, si su voz es escuchada o no, y qué influencia ha tenido el patriarcado en la opresión de la mujer.

 

2. Cuerpo
a. Contexto

La ética es una rama de la filosofía que estudia el comportamiento humano y busca determinar lo que es correcto e incorrecto. Una de las ramas es la ética normativa, que busca proponer normas o virtudes que regulen lo correcto o lo incorrecto (Ética 2011).

Simone de Beauvoir, filósofa francesa del siglo XX, atacaba en su libro La ética de la ambigüedad los sistemas éticos absolutos que pretendían dar una respuesta única y definitiva a los dilemas morales. Argumentaba que estos sistemas (generalmente con influencia eclesiástica y religiosa) brindaban una especie de destino utópico que permitía a los humanos eludir las responsabilidades del mundo actual, ya que sacrificaban el presente por el futuro (Bergoffen et al. 2024).

Este tipo de sistemas, en consecuencia, ocasiona guerras, genocidios y opresión, debido a que presentan un escenario en el que lo más importante es el futuro ideal y, por lo tanto, “el fin justifica los medios”. Sin embargo, para Beauvoir, cada uno tiene la responsabilidad y obligación social de crear las condiciones de nuestra existencia (presente y futura) con nuestras decisiones actuales, considerando un futuro incierto e indeterminado. Además, sostiene que la única forma de asegurar la dignidad de los humanos del futuro es insistiendo en la dignidad de todos los humanos del presente (Bergoffen et al. 2024).

Esto conecta con la base de su sistema ético: el existencialismo. Este fue un movimiento filosófico y cultural de mediados del siglo XX que defendía la libertad humana como centro de la existencia, siendo esencial e indispensable para el florecimiento de los valores humanos. Los existencialistas sostenían que “la existencia precede a la esencia”, contrariamente a la creencia popular y religiosa de que “la esencia precede a la existencia” (Aho 2025).

Al reconocer que no hay una esencia predeterminada, es responsabilidad del propio ser humano (y de su entorno) darle sentido a su existencia y generar su identidad. Esta responsabilidad es la que otorga una importancia crucial a la libertad humana, ya que sin ella el ser humano es incapaz de generar su propia identidad y, por ende, pierde parte de su esencia como tal (Aho 2025).

En este sentido, los existencialistas suelen defender la idea del libre albedrío, ya que cada ser humano es capaz y responsable de tomar sus propias decisiones. Esto no significa que podamos hacer lo que sea, sino que nuestra existencia está estructurada por nuestra capacidad de darle significado a la vida a través de nuestras acciones y decisiones (Aho 2025).

Años después, Beauvoir critica su propio libro La ética de la ambigüedad, al considerarlo demasiado abstracto, además de identificar su error al intentar definir la moralidad sin considerar los contextos sociales. Por ello, con su obra El segundo sexo, busca corregir estos errores mediante un análisis fenomenológico, específicamente de la mujer (Bergoffen et al. 2024).

La fenomenología se puede definir como el estudio de las estructuras de la conciencia tal y como se experimentan desde el punto de vista de la primera persona (Smith 2018). Beauvoir argumenta en este libro que “nuestro acceso, conciencia y posibilidades de relacionarnos con el mundo no pueden considerarse sin tener en cuenta el cuerpo tal y como se vive en una situación concreta” (Bergoffen et al. 2024).

Además, brinda las bases del feminismo al exponer cómo “las tradiciones literarias, sociales, morales, políticas y religiosas europeas han creado un mundo en el que los ideales imposibles y contradictorios de la feminidad producen una ideología de la inferioridad ‘natural’ de las mujeres para justificar la dominación patriarcal” (Bergoffen et al. 2024).

Beauvoir no solo expone la opresión sistemática hacia las mujeres, sino que va mucho más allá al cuestionar el concepto tradicional de ‘mujer’, al reconocer que suele estar ligado a una carga negativa (De Beauvoir 2011, 63). Ella argumenta que no todo ser humano del género femenino es necesariamente una mujer, atacando el encasillamiento social de la mujer en una especie de ‘eterna feminidad’ (Bergoffen et al. 2024).

Considerando que la humanidad no es simplemente una especie animal, sino también una realidad histórica, es un error definir a la mujer únicamente por su realidad biológica. Dentro de esta ‘jaula identitaria’, Beauvoir sostiene que la mujer pierde su libertad y, por ende, su capacidad de dar sentido a su existencia (De Beauvoir 2011).

Beauvoir llama a la liberación de las mujeres de la opresión patriarcal a través de un ‘feminismo de libertad’. Sin embargo, critica el concepto de ‘igualdad de género’, ya que este iguala al hombre y a la mujer de forma absurda, sin considerar sus diferencias. Ella identifica en esta ‘igualdad’ otra forma de opresión patriarcal, al ser el hombre la base de dicha igualdad. Por lo que ella defiende la ‘equidad de género’, dando relevancia a la validación de las diferencias sexuales entre la mujer y el hombre (Bergoffen et al. 2024 & De Beauvoir 2011).

 

b. Argumento

Para responder a la pregunta central de este ensayo —¿cómo influye la perspectiva única de la mujer en la ética?— la analizaremos en dos partes: la “influencia” y la “perspectiva única de la mujer”.

Para valorar la influencia de la mujer en la ética, podemos hacer un análisis cuantitativo sencillo, tomando como referencia la prestigiosa Enciclopedia digital de Filosofía de Stanford. Dentro del total de filósofos que tienen un artículo dedicado exclusivamente a ellos, de un total de 463, solamente 24 son del género femenino, es decir, el 7.3% (dato propio). Esto muestra una clara subrepresentación de la mujer en la filosofía y, por consecuencia, en la ética.

El segundo punto a analizar es la “perspectiva única de la mujer”. Este concepto puede abordarse desde dos argumentos de Beauvoir. Por un lado, ella podría rechazar esta idea, al ser un concepto que encasilla a la mujer. Considerando su crítica al concepto de ‘mujer’ mencionada anteriormente, al afirmar que este se trata de una construcción social que encierra a las mujeres en una vida e ideas prefabricadas, sin libertad y, por ende, sin capacidad de generar una identidad propia (Bergoffen et al. 2024).

Por otro lado, también defendía la ‘equidad de género’; en este sentido, podría decirse que la ‘perspectiva única’ surge precisamente al reconocer las diferencias sexuales y de género y ‘única’ en el sentido de ‘forzosamente diferente a la del hombre’ (Bergoffen et al. 2024 & De Beauvoir 2011).

En este ensayo nos basaremos en esta segunda perspectiva, ya que no nos centramos en el concepto de ‘mujer’ como tal, sino en cómo la ‘experiencia única’ de la mujer aporta a la ética.

Teniendo claro que existe una subrepresentación femenina en la ética y que, si bien es importante deconstruir el concepto de mujer, también hay diferencias de género que deben reconocerse, el argumento principal de este ensayo es sencillo y se origina en dos razonamientos lógicos deductivos.

Primero,

I. Desde un punto de vista fenomenológico, cada experiencia está influenciada por el contexto personal; esto implica una individualidad o singularidad en las experiencias vividas por cada persona.

II. Como se mencionó al inicio del ensayo, la ética normativa busca proponer normas que regulen lo correcto e incorrecto de la conducta humana, es decir, normas generales aplicables a todos los seres humanos.

C. Considerando que la ética se escribe desde la subjetividad inherente del autor y que la ética normativa busca normas generales, mientras mayor sea la variedad de perspectivas (es decir, de filósofos y contextos sociales), mayor será la validez de la ética, ya que se acercará a la generalidad deseada.

Esta conclusión nos lleva al segundo argumento,

I. Si se considera que la validez de la ética es intrínseca a su generalidad,

II. y que aproximadamente el 50% de la población ha sido históricamente silenciada o ignorada en el mundo de la filosofía (y por ende en la ética).

C. Entonces, la ética actual (producida en su mayoría por hombres) tiene validez reducida.

 

c.  Contraargumentos

Uno de los contraargumentos posibles sería atacar la idea de la subjetividad inherente del autor, sosteniendo que la filosofía, al escribirse tras años de estudio y observación, permite al autor acercarse a una cierta imparcialidad. Ante ello, puede responderse que, aunque un autor logre distanciarse parcialmente de su subjetividad, nunca deja de vivir experiencias únicas que moldean su manera de pensar y vivir.

En este sentido (aunque en otro contexto), Beauvoir escribió sobre la subjetividad del hombre respecto al patriarcado:

“El hombre más comprensivo con las mujeres nunca conoce plenamente su situación concreta. Por lo tanto, no hay ninguna razón válida para creer a los hombres cuando intentan defender privilegios cuyo alcance ni siquiera pueden comprender. [...] Los hombres son jueces y parte, al igual que las mujeres. [...] (Sin embargo) creo que ciertas mujeres siguen siendo las más indicadas para esclarecer la situación de las mujeres.” (De Beauvoir 2011, 15)

Otro contraargumento sería banalizar las diferencias entre hombres y mujeres, argumentando que todos somos seres humanos y que la ética aplica para todos por igual (argumento de la igualdad de género). Por lo tanto, sería irrelevante si la ética es escrita por hombres o mujeres.

Beauvoir refuta esta idea patriarcal con el siguiente argumento:

“Así es como muchos hombres afirman, con aparente buena fe, que las mujeres son iguales a los hombres y no tienen nada que exigir, y al mismo tiempo que las mujeres nunca serán iguales a los hombres y que sus exigencias son en vano. A los hombres les resulta difícil medir el enorme alcance de la discriminación social que parece insignificante desde fuera y cuyas repercusiones morales e intelectuales son tan profundas en la mujer que parecen surgir de una naturaleza original.” (De Beauvoir 2011, 15)

A partir de esta idea, podríamos considerar que la ética escrita por hombres no logra abarcar las perspectivas generales de la humanidad.

 

3.  Conclusión

Si bien es innegable que la ética actual —producida en su mayoría por hombres— ha tenido un avance significativo desde sus orígenes, es difícil saber hasta dónde habría llegado si las mujeres hubiesen sido incluidas en este proceso de más dos mil años. Sin embargo, se puede asumir que, al menos, se tendría una mayor universalidad.

Nos hemos perdido por siglos el 50 % de la visión del mundo. Las mujeres han sido silenciadas y encasilladas en ciertas expectativas. La liberación de las mujeres del yugo patriarcal representa una oportunidad, como humanidad, para crecer y madurar éticamente, así como para alcanzar la pluralidad necesaria en un mundo tan diverso.

No debe considerarse una homogeneidad en las perspectivas de las mujeres, ya que caeríamos de nuevo en un argumento patriarcal que las encasillaría en un único tipo de pensamiento. La ‘perspectiva única de la mujer’ es relevante exclusivamente porque representa la mitad de la población humana.

Somos subjetivos: no podemos salir de nuestro cuerpo. Todo lo que hagamos, digamos o escribamos está influenciado por nuestro contexto. Mientras más se amplíe la ventana de la ética y se escuchen y consideren más perspectivas, se incluyan más visiones del mundo, la conversación ética tenderá a la universalidad necesaria para su validez.

Como pequeña reflexión final, quisiera recordar lo que mencionaba Beauvoir: “un hombre nunca será capaz de comprender en su totalidad la situación de la mujer” (De Beauvoir 2011, 15). Por lo mismo, el rol del hombre (históricamente el opresor) no es explicar el feminismo ni darle voz a la mujer, sino tener la capacidad y madurez de otorgarle el lugar que se le ha negado históricamente en el mundo.

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Bibliografía

Aho, Kevin. «Existentialism». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Edición Primavera 2025. URL: https://plato.stanford.edu/archives/spr2025/entries/existentialism/.

Bergoffen, Debra and Megan Burke. «Simone de Beauvoir». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Edición Otoño 2024. URL:  https://plato.stanford.edu/archives/fall2024/entries/beauvoir/.

Dato propio en base de la The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Fecha de consulta:  02/11/2025. URL: https://plato.stanford.edu/contents.html

De Beauvoir, Simone. The Second Sex. Traducción de Constance Borde y Sheila Malovany-Chevallier. Gran Bretaña: Vintage, 2011.

«Ética». Internet Encyclopedia of Philosophy. Traducción de Mateus Bolson Ruzzarin. Fecha de consulta: 09/01/2021.

Smith, David Woodruff. «Phenomenology». The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Edición Verano 2018. URL: https://plato.stanford.edu/archives/sum2018/entries/phenomenology/.

 

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