La esencia del Método Socrático no le pertenece a Sócrates
Luis Valdés Vargas∙ 10 minutos de lectura
Introducción
El presente ensayo abordará la interrogante respecto de una supuesta esencia negativa del método socrático y presentará argumentos para posicionarnos en contra de aquella premisa. Para llegar a aquella conclusión debemos, en primer lugar, despejar cualquier ambigüedad en la interpretación del concepto de negatividad que pretendemos desestimar en la esencia del también llamado elenchus. La base sobre la cual realizaremos dicha desambiguación no se limitará a la definición etimológica de la palabra, sino que abordará sobre todo las motivaciones de quienes acusaron a Sócrates llevándolo ante la justicia ateniense.
Sentando aquella base, procederemos a explorar el uso que Sócrates dio al elenchus y a partir de ello buscaremos definir su esencia. La misma propiedad de definición nos invitará a preguntarnos si es posible conocer la esencia de de este método, por ello nos acercaremos a la definición valiéndonos de los requisitos de generalidad, de exclusión y de explicación que forman parte de la definición socrática.
Este camino nos conducirá ineludiblemente a conocer la ética de virtud que sirve a Sócrates de guía para sus indagaciones, ya que detrás de ella se esconde la esencia que motiva su actuar y sus intenciones.
No podemos desconocer en esta indagación la interpretación que hacen de dichas intenciones Melito y los otros personajes que llevaron a Sócrates a juicio, ya que en ellas vieron la voluntad de corromper a jóvenes, además de la de “convertir en buena, una mala causa” (Plato 2002, 19bc)
Desambiguación de la negatividad
Podría resultar razonable interpretar que el método socrático es negativo si entendemos dicha negatividad como la define la RAE, vale decir como algo “perteneciente o relativo a la negación”. Pero incluso bajo esta acepción de la palabra, sería una interpretación incompleta puesto que, como vamos a explorar a lo largo del presente ensayo, la técnica socrática, lejos de buscar negar un tema o las premisas de su interlocutor, aspiraba a la exploración de una verdad subyacente más amplia, haciendo emerger de ellas nuevas conclusiones, explorando grietas, aportando nuevas perspectivas y acercándose con ello a la virtud.
Una mejor aproximación para realizar consideraciones respecto de la supuesta negatividad en la esencia del método socrático, sería tener en cuenta las causas que llevaron a Melito, y otros, a acusar a Sócrates ante el pueblo ateniense de impío y de corromper a los jóvenes de Atenas. Tales motivaciones quedan manifiestas cuando Melito señala que: “Sócrates es un impío; por una curiosidad criminal quiere penetrar lo que pasa en los cielos y en la tierra, convierte en buena una mala causa, y enseña a los demás sus doctrinas” (Plato 2002, 19bc).
Será justamente a partir de esta aproximación al concepto de negatividad, que explicaremos y negaremos dicha condición en la esencia misma del método socrático, usando la palabra como pretenden los acusadores de Sócrates, atribuyéndole al filósofo una intención de hacer el mal.
Oráculo y Método Socrático
Sócrates llegó a ser bien conocido en la ciudad de Atenas por el ejercicio de sus indagaciones filosóficas, llevadas a cabo en las plazas de la ciudad con cualquiera que estuviese dispuesto a conversar con él. Su fama precedió a las acusaciones que lo llevaron a juicio, pero fue en parte causante de las mismas, puesto que la fama que se labraron él y su método derivaron en la incomodidad de políticos, poetas, artistas y extranjeros que, enfrentados a su escrutinio y curiosidad, llegaron al límite cuando el filósofo se proponía descifrar las palabras del Oráculo de Delfos, de quién obtuvo el reconocimiento de ser el más sabio de Atenas.
Paul Woodruff describe de la siguiente forma al elenchus:
El compañero de Sócrates (...) debe responder a cada pregunta de acuerdo con sus propias creencias, y el compañero (...) juzga el resultado. Las preguntas de Sócrates parten de la afirmación inicial de su interlocutor, que suele implicar una pretensión de sabiduría o de conocimiento de un tema relacionado con la virtud. A veces, Sócrates pide que se aclare la afirmación; otras veces, procede directamente a obtener el acuerdo de su interlocutor sobre premisas que resultarán ser inconsistentes con la afirmación inicial.[1]
De esta definición, y según lo descrito por el propio autor, el método tiende a generar incomodidad en el interlocutor al este verse impedido en seguir sosteniendo sus primeras afirmaciones, incomodidad que podría interpretarse como una sensación de negatividad hacia dicha exposición.
La negatividad de Melito puede interpretarse en ese sentido, dado que Sócrates, en sus indagaciones, expuso la ignorancia de quien se atribuía para sí, una sabiduría irrefutable. En ese carácter de irrefutabilidad del propio saber, es donde radicaría la pretensión de dotar al método de una supuesta negatividad esencial
El filósofo se acercó a cada uno de ellos no con la idea preconcebida de su ignorancia, sino más bien seguro de la propia. En esto se observaba la intención de Sócrates de develar que la máxima sabiduría no le pertenecía a él, puesto que habiendo tanta gente virtuosa en Atenas, seguro había otros a quienes pudiera atribuírsele este reconocimiento. Distinto fue que con dicho propósito, se encontró con la inconsistencia y sequedad de quienes, celosos de su saber, no reconocieron en sí mismos la ignorancia que, al igual que a Sócrates, los habitaba.
Parte de esto queda expuesto cuando el llamado Tábano de Atenas narra en La Apología su encuentro con los artistas:
Sabían cosas que yo ignoraba, y en esto eran ellos más sabios que yo. Pero (...) los más entendidos entre ellos me parecieron incurrir en el mismo defecto que los poetas, porque no hallé uno que, a título de ser buen artista, no se creyese, muy capaz y muy instruido en las más grandes cosas; y esta extravagancia quitaba todo el mérito de su habilidad [2].
Definición y esencia
Como podemos deducir, Sócrates empleó su método no como una táctica con la intención de incomodar, sino que como un ejercicio de búsqueda de la virtud que él vislumbraba como tangencial a la sabiduría. Con ello podemos afirmar que quienes buscan dotar de una esencia negativa a este método, lo hacen a través de un acercamiento sensible a la verdad, y no a través de la razón, alejándose de la posibilidad de definirlo en los términos en los que el filósofo buscaba el conocimiento.
Si el elenchus es capaz de incomodar, no tiene que ver tanto con el método como con la interpretación sensible de quienes, enfrentándose a él, resultan incapaces de una abstracción humilde que les permita acercarse a una definición que cumpla con los requisitos clave para una definición socrática.
Dicho de otro modo, si el método genera incomodidad, esta incomodidad no cumple con el segundo requisito de definición, el principio de exclusión, ya que la incomodidad no le pertenece al método, sino que a quienes, inconformes con el resultado de la indagación, deciden rechazarlo.
Refuerza esta interpretación el hecho de que no toda interacción con el método socrático deriva en la incomodidad del interlocutor, impidiendo así que la negatividad atribuida cumpla con el requisito de generalidad. Testimonio de aquello son los jóvenes que acompañaron a Sócrates en su juicio, como Critón o el mismo Platón, gracias al cual podemos constatar la propia existencia de Sócrates histórico y del legado de su método.
Ética de Virtud
Para definir la esencia del elenchus, es necesario conocer la ética que impulsa a Sócrates y sus indagaciones. Es a través del acercamiento que nos brinda Platón al trabajo filosófico de su mentor que podemos reconocer en su visión ética una búsqueda orientada a la virtud. Los principales temas que aborda el filósofo en su ética de virtud están contenidos en distintos textos, entre los que destacan Eutrifón (piedad o reverencia), Lachés (valor), Carmides (templanza o solidez del ánimo) e Hipias Mayor (lo fino y lo bello). Un argumento expresado por el propio Sócrates y que se deriva de la ética de virtud expuesta en los textos aludidos, refiere a una máxima que aporta indicios de la intención que rige su método, y es que “nunca está bien hacer el mal, ni siquiera a cambio del mal” (Plato 2002, 49ab) .
Si bien no fue Sócrates el primero en asociar la virtud a un contexto ético, vinculado anteriormente a la excelencia que conduce al éxito, sí podemos constatar que para Sócrates la virtud ética funcionaba de forma análoga a lo que sería la salud para el alma. Desde allí nos es posible argumentar que al menos en su esencia Sócrates buscaba definir aquello que pudiera ser bueno para el alma, por lo que el método socrático podría interpretarse como un exámen que nos permita conocer lo que al alma le hace bien.
El Juicio
Si evaluamos los argumentos expuestos en contra de Sócrates y hallamos en ellos las motivaciones y razones de sus acusadores.
Las personas que promovieron las acusaciones en contra del Tábano de Atenas fueron connotados representantes de las esferas aristocráticas de Atenas. Destacados políticos, poetas y artistas que, aludidos durante las indagaciones del filósofo, decidieron acusarlo de irreverencia, de impío y de corromper a los jóvenes.
Tanto la irreverencia como la supuesta corrupción de los jóvenes se veía manifiesta en la imitación que ellos, aristócratas también, hacían de la doctrina socrática al conversar con los políticos y exponiendo así la ignorancia detrás de la sabiduría que estos últimos se atribuían. Sus acusadores vieron en este gesto el propósito de Sócrates de enseñar la retórica, o como señala Anito, el fin de “hacer ganar el peor argumento” (Plato 2002, 19bc) . Bajo este argumento se acusa al filósofo de querer convertir en malos a los ciudadanos de Atenas, sabiendo que con esas enseñanzas, sería ese el resultado obtenido.
Las acusaciones de impía defendían la idea de que Sócrates no creía en los dioses del Estado y no se sometía a ningún dios, pretendiendo con ello que éste actuaba posicionándose por sobre las mismas leyes que emergen de la voluntad de estos dioses.
Negar la negatividad
El propio Sócrates se encarga de develar las fallas lógicas en los argumentos expuestos en su contra. Motivado no por el deseo de eximirse de las consecuencias en las que podría derivar el juicio, sino más bien por exponer la injusticia que albergaban sus acusadores. Evidencia de esto es la cita en la que Sócrates señala que “(...) ni Anito, y Melito pueden causarme mal alguno, porque el mal no puede nada contra el hombre de bien” (Plato 2002, 30cd). Sócrates responde a las acusaciones de Melito en las que sostiene que él, sabiéndolo, corrompe a los jóvenes empujándolos a hacer el mal, planteando la siguiente interrogante al jurado: “¿Es posible que (...) me supongas tan ignorante, que no sepa que si convierto en malos los que me rodean, me expongo a recibir mal, y que a pesar de esto insista y persista, queriéndolo y sabiéndolo?” (Plato 2002, 25e-26a).
En esta interrogante se revela un argumento esencial de la ética socrática, esta es la imposibilidad de la acracia (Woodruff 2018, 9.1), la doctrina que afirma que es imposible hacer lo correcto y seguir haciendo el mal. Con ello se concluye que bien Sócrates no hace el mal, o bien no sabe que lo hace.
Respecto a las acusaciones de impía, el filósofo es aún más drástico y es que durante toda su apología, sostiene que es guiado por su Daimonion. Ante esa aseveración por parte de sus adversarios, Sócrates los persuade de que “es preciso que sepáis que esto es lo que el Daimonion me ordena, y estoy persuadido de que el mayor bien, que ha disfrutado esta ciudad, es este servicio continuo que rindo yo” (Plato 2002, 30a).
Es de esa convicción y de su examinación de la sabiduría de los otros sabios de atenas, que Sócrates es capaz de sentenciar como resultado de su búsqueda que: “El más sabio entre vosotros es aquel que reconoce, como Sócrates, que su sabiduría no es nada” (Plato 2002, 23b).
Conclusión
Podemos cuestionar la capacidad de Sócrates de reconocer la verdad, de aceptar una verdad contradictoria o incluso la propia capacidad de acceder a la verdad en sí. Pero no podemos negar, con base en los argumentos expuestos, que al método socrático le es esencial la búsqueda de dicha verdad y no le pertenece tanto a Sócrates como al propio Daimonion, donde radica toda virtud y en quien se congregan las definiciones esenciales de justicia, bondad, reverencia y belleza.
Con esto como argumento, no me es difícil sostener que nada se aleja más de lo negativo que el método socrático. Más allá incluso de la verdad que cada quien pretenda defender, entre ellas radica un motor que promueve una búsqueda que tiende a lo bueno para alejarse de lo negativo.
Para citar al sabio de Atenas una última vez: “la virtud no viene de las riquezas, sino por el contrario, que las riquezas vienen de la virtud”(Plato 2002, 30b).
Bibliografía
Plato, Plato. 2002. Apology. Editado y traducido por C. D. C. Reeve. The Trials of Socrates: Six Classic Texts. Indianapolis: Hackett Publishing Company.
Woodruff, Paul. 2018. «The Stanford Encyclopedia of Philosophy». Plato’s Shorter Ethical Works Winter 2018. https://doi.org/10.1515.
