El elenchus condenó a Sócrates a la muerte
Müller Benites∙ 10 minutos de lectura
INTRODUCCIÓN
El presente ensayo respalda la postura de que el elenchus es esencialmente negativo. En primer lugar, analizaremos cómo empleaba Sócrates este método caracterizado por la refutación de los saberes aparentes y el reconocimiento de la ignorancia. En segundo lugar, examinaremos cómo este mismo método, por su carácter corrosivo y su influencia entre los jóvenes, condujo a Sócrates a la muerte. Finalmente, exploraremos los límites del elenchus y la necesidad de la mayéutica, mostrando que sin ella el método socrático se reduce a un ejercicio destructivo, incapaz de conducir por sí mismo al conocimiento y la virtud.
¿CÓMO EMPLEABA SÓCRATES EL ELENCHUS?
Sócrates, al escuchar por boca de Querefonte, el dictamen del oráculo de Delfos, según el cual nadie era más sabio que él, emprendió la búsqueda del verdadero sabio en Atenas, alguien que lo superara no solo en conocimientos, sino sobre todo en virtud, con el propósito de demostrar que el oráculo se había equivocado.[1][1]
Debido a esto, para Platón y el resto de socráticos, Sócrates encarnaba el ideal de sabiduría, pues era consciente de su ignorancia, y en esa carencia residía la fuerza de su filosofía. Al verse invadido por un hambre voraz de precisión, dialogaba cada día con los atenienses para acercarse al conocimiento verdadero, buscando definir qué era justo, bueno y bello para el hombre. Pero el resto de atenienses no lo veía así, pues se adentraba por las plazas e increpaba a todo aquel que él consideraba “sabio” y lo dejaba aturdido y desnudo frente a su propia ignorancia.
“Te pareces pues, Sócrates, por tu aspecto y en todo lo demás, a la mantarraya marina, porque también ella adormece a quienes se le acercan y los toca.”[2][2]
En esto consistía el “elenchus” (Refutación), deconstruye el aparente saber que consideramos tener, demostrando que, si uno no cuestiona lo que sabe, y es increpado al respecto, puede caer fácilmente en aporía (estado de perplejidad frente a la contradicción), cualquiera con preguntas ingeniosamente articuladas nos puede conducir a un callejón sin salida, demostrando así que en realidad no sabemos nada.
EL ELENCHUS CONDENÓ A SÓCRATES A LA MUERTE
Gracias a diversas fuentes, principalmente la de Platón, sabemos que Sócrates fue juzgado y condenado por hacer fuerte la causa más débil, introducir nuevos dioses y corromper a los jóvenes.[3][3]
¿Cómo surgen estas acusaciones? Si en Atenas, el crisol de grandes pensadores, dramaturgos y poetas, la parresía (hablar con libertad) estaba permitida, opinar libremente sobre lo que le conviene al hombre, era un derecho incuestionable. Entonces, ¿por qué Sócrates fue juzgado por opiniones y no por hechos? La parresia era algo difícil de tolerar cuando amenazaba tanto a la ciudad como a lo que algunos percibían como valores. A pesar de ser reconocido por su valía y compromiso con su patria (rechazó honores en la batalla de Potidea), Sócrates era repudiado por gran parte de sus compatriotas. Esto se debe en gran medida a la comedia “Las nubes” de Aristófanes. En dicha comedia, se nos presenta a un Sócrates que hace alarde de su sabiduría y se esfuerza por demostrar que no es a Zeus a quien se debe adorar, sino a las nubes:
Las grandes diosas de los hombres ociosos. Ellas nos proporcionan conocimientos, diálogo, saber, capacidad de asombrar, facundia y habilidad para enredar las cosas y derrotar a los rivales.[4][4]
Aristófanes plasma en Sócrates todo lo que creía perjudicial para los jóvenes atenienses; la enseñanza sofística, el estudio de las cosas del cielo y de la tierra y la desobediencia a los padres. Demostrando así su rechazo a la pérdida de los valores tradicionales.
Esta comedia nos muestra la percepción que se tenía de Sócrates, en su defensa argumenta que la mayoría de atenienses ha crecido creyendo en las falsedades que se inventan sobre él en dicha obra.[5][5] Tenemos la opinión, pero ningún hecho, ¿Cómo justificar que corrompía a la sangre joven de Atenas? Platón nos cuenta que los jóvenes empezaron a imitar al filósofo:
Se añade a esto, que los jóvenes que me acompañan espontáneamente —los que disponen de más tiempo, los hijos de los más ricos—se divierten oyéndome examinar a los hombres y, con frecuencia, me imitan e intentan examinar a otros, y, naturalmente, encuentran, creo yo, gran cantidad de hombres que creen saber algo pero que saben poco o nada. En consecuencia, los examinados por ellos se irritan conmigo, y no consigo mismos, y dicen que un tal Sócrates es malvado y corrompe a los jóvenes.[6][6]
Esta imitación imprudente del método socrático fue precisamente lo que alimentó el odio contra el filósofo, un personaje que dedicaba la mayor parte de su tiempo a refutar a los demás, descuidando notablemente sus bienes y preocupándose más por la virtud que por la política resultaba como mínimo incómodo
EL LÍMITE DEL ELENCHUS
El elenchus, por sí mismo, no construye conocimiento ni guía hacia la virtud, está limitado a demostrar que estamos bajo el yugo de la ignorancia. Usar de forma desmedida y sin moral alguna este método alimenta la soberbia, Jenofonte nos ofrece un ejemplo de cómo el elenchus puede transformarse en un ejercicio de insolencia que busca ridiculizar y destruir argumentos, un diálogo entre Alcibíades y Pericles (su tutor):
— Dime, Pericles, ¿podrías explicarme qué es una ley?
— Sin duda, respondió Pericles.
— ¡Enséñamelo, por los dioses!, dijo Alcibíades. Pues cuando yo oigo que se alaba a algunas personas que respetan las leyes, pienso que no debería recibir en justicia este elogio uno que no sabe qué es una ley.[7][7]
Pericles trata de definir qué es una ley, pero cada respuesta que da Alcibíades lo lleva a contradicciones. Al final, con no poca ironía, concluyó que incluso Pericles -considerado el más sabio político de Atenas- no sabe dar una definición clara de lo que es una ley, y cómo menciona al inicio, no es digno de elogio alguno.
De esta forma, con todos los antecedentes expuestos podemos demostrar la negatividad del método, pues para la mayoría de atenienses, Sócrates lejos de ser percibido como un modelo “educativo” fue visto con recelo y resentimiento y su popularidad entre los jóvenes -entre ellos Critias y Alcibíades, el primero se convirtió en un tirano sanguinario y el segundo era un camaleón que cambiaba de bando a voluntad- que son el futuro de Atenas, representaba una clara amenaza para la ciudad.
Sócrates reconocía en el elenchus el primer paso hacia la verdadera sabiduría, mas no la solución para alcanzar el verdadero conocimiento y la virtud. La mayéutica por el contrario busca, mediante el diálogo, generar nuevas ideas que rompan con las contradicciones, aquellas que en esencia se acerquen más a la verdad. Sólo quien humildemente reconoce que no sabe nada puede progresar en el conocimiento, así es capaz de replantearse sus propias ideas y lograr una transformación enfocada a la virtud. He ahí la razón para actuar como tábano, Sócrates buscaba que los atenienses tomaran conciencia de sus propias contradicciones preguntando cómo deberían actuar los justos y cómo actuaban ellos mismos. Así, despertó la conciencia de muchos que lo llegaron a ver como el más justo de todos los hombres porque vivía en paz con su conciencia, era coherente con lo que decía y vivía sin temer a la muerte.[8][8] De esta forma, consiguió contraponerse a los sofistas que embellecían sus discursos y cambiaban sus posturas temiendo las consecuencias, Sócrates mantuvo una coherencia inquebrantable entre su palabra y su vida.
En síntesis, el método Socrático pudo haber sido el camino perfecto hacia el conocimiento y la virtud, pero no lo fue, la refutación y frustración primaba por encima del alumbramiento de nuevas ideas. Así, el elenchus, lejos de ser un método completo, debido a la ausencia de la mayéutica, se reduce a un ejercicio esencialmente negativo
ELENCHUS SIN MAYÉUTICA: LA CRÍTICA NO EDUCA
La máxima délfica “conócete a ti mismo”, que Sócrates asumió como principio, buscaba precisamente que sus discípulos reconocieran lo unitario y lo cambiante en la personalidad. Todo conocimiento sobre lo humano tiene un punto de crisis y replanteamiento vital, uno no puede conocerse a sí mismo si no se sitúa previamente ante sus propias contradicciones. [9][9] Debido a esto el elenchus utiliza paradojas: al descubrir contradicciones en nuestras creencias, terminamos en aporía, pero depende enteramente de nosotros salir de ese callejón sin salida, siguiendo un modelo ideal que nos inspire a liberarnos del resentimiento y autoengaño. Reconocer y aprender a través de las contradicciones es aprender a conocerse.
Sócrates realiza un esfuerzo claramente didáctico, tratando de educar al hombre para lograr una transformación en la sociedad.[10][10] A pesar de ser evidente que nadie dialogaba con Sócrates sin sentirse transformado en profundidad, no supo cómo evitar a los que le imitaban superficialmente, copiando su ironía, pero no su ética. Platón supo ver en la aporía, una oportunidad de avanzar hacia un saber superior sintetizando y guiando la mayéutica y el elenchus en busca de la verdad y la virtud. Critias y Alcibíades, se quedaron fascinados por el desconcierto que genera la aporía, minimizaron el elenchus a un simple método intelectual.
Debido a esto, cuando aprendieron a usarlo, cargados totalmente de arrogancia y, cansados de los constantes exámenes morales que Sócrates exigía, afirmaron ser superiores a él y le abandonaron.[11][11]
CONCLUSIÓN
Figuras como Sócrates ya no existen hoy en día. Hoy los “sabios” guardan silencio, miran hacia otro lado, escapan del compromiso, han perdido el espíritu de lucha. No se esfuerzan por superar las contradicciones y las evaden con mansedumbre y eso resulta incomprensible, porque la función del sabio es enseñar a vivir a los demás. Si ante los desmanes que nos rodean guardan silencio, si frente a esta locura en la que estamos inmersos no dicen “basta”, demuestran que no son verdaderamente sabios. Pues el que calla es un cobarde, y un sabio cobarde no existe, Sócrates lo sabía, y para salir de esa paradoja, el precio fue la cicuta.
Bibliografía
Alcoberro Pericay, Ramon. “En defensa de Sócrates.” en Platón: Las respuestas más vigentes a las grandes preguntas sobre el conocimiento, la ética o la justicia, 41-55. Barcelona: RBA Coleccionables, 2015.
Aristófanes. Las nubes. Traducción y notas de Luis Macía Aparicio. Introducción de Alberto Pardal Padín. Madrid: RBA Coleccionables / Gredos, 2022.
Jenofonte. Apología. Banquete. Recuerdos de Sócrates. Introducción, traducción y notas de José Antonio Caballero López. 2.ª ed. Madrid: Alianza Editorial, 2022.
Platón. Diálogos I: Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Ion, Lisis, Cármides, Hipias menor, Hipias mayor, Laques, Protágoras, Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo, Fedón, Banquete, Fedro. Prólogo de Carlos García Gual. Estudio introductorio de Antonio Alegre Gorri. Madrid: Editorial Gredos / RBA Coleccionables, 2010.
Notas
[1][1] Platón, “Platón. Diálogos I”, en Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Ion, Lisism Cácrmides, Hipias menor, Hipas mayor, Laques, Protágoras, Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo, Fedón, Banquete, Fedro, ed. RBA Coleccionables, 2010 (Madrid: Editorial Gredos), 21a-21B.
[2][2] Platón, “Menón”, 80a.
[3][3] Platón, “Apología de Sócrates”, 24b-c.
[4][4] Aristófanes, Las nubes, trad. Luis M. Macía Aparicio (Madrid: Gredos, 2022), 300-320.
[5][5] Platón, “Apología de Sócrates”, 18a-b, 19c.
[6][6] Platón, “Apología de Sócrates”, 23c-d.
[7][7] Jenofonte, “Apología. Banquete. Recuerdos de Sócrates”, en Recuerdos de Sócrates, ed. Alianza editorial, 2022 (Madrid), 300-320.
[8][8] Ramón Alcoberro Pericay, “Platón: Las respuestas más vigentes sobre el conocimiento, la ética o la justicia “, En defensa de Sócrates, 2015 (Barcelona: ed. RBA Coleccionables), 41-55.
[9][9] Alcoberro, “En defensa de Sócrates”, 51.
[10][10] Alcoberro, “En defensa de Sócrates”, 51.
[11][11] Jenofonte, “Recuerdos de Sócrates”, I, 2, 12-18, 47-58.
