El cambio como transformación perpetua: una síntesis entre Heráclito y Parménides
Juan Serrano ∙ 10 minutos de lectura
¿Existe el cambio metafísico? Esta ha sido una de las preguntas que inundan el pensamiento filosófico desde el inicio de la misma con los antiguos presocráticos, y vamos a desenvolver de qué manera llegué a la conclusión de que, efectivamente, el cambio metafísico existe, pero no como generación de lo radicalmente nuevo. Existe como transformación perpetua de lo que ya es. El ser no nace de la nada ni perece en la nada —Parménides tiene razón en eso—, pero tampoco permanece estático: se reconfigura constantemente a través de un proceso regulado por el Logos, tal como lo expone Heráclito. Mi tesis es que ambos filósofos no se contradicen, sino que se complementan: juntos describen un universo donde el cambio es real y constante, pero no aleatorio ni creador de novedad absoluta.
Dentro del transcurso de este ensayo se irá desarrollando la idea en cinco partes: reconstruiré los pasajes relevantes de ambos autores, expondré sus nociones metafísicas del ser, formularé mi argumento central a partir de la distinción entre lo nuevo relativo y lo nuevo absoluto, presentaré dos contraargumentos y finalmente defenderé mi postura mostrando sus debilidades.
Para adentrarnos en la idea del cambio, debemos entender a los protagonistas presocráticos que nos dan los argumentos y contraargumentos que manejaremos en este ensayo, estoy hablando de Heráclito y Parménides, quienes con sus ideas del cambio y la permanencia nutrieron este desarrollo argumentativo. Comencemos por Heráclito, filósofo griego de Éfeso conocido por el flujo universal, la unidad de los opuestos y el arché como fuego, símbolo de transformación gobernado por el Logos como ley organizadora. Heráclito, conocido como el oscuro, nos llena de ambigüedades con sus textos, y esto no es casualidad: para él, el conocimiento no estaba abierto a todo el mundo; al contrario, era solo para aquellos que tenían la capacidad de ver la realidad como es, un mundo en constante cambio organizado por el Logos. Aunque muchos lo vieron como un monista material, podemos interpretar el fuego no como sustancia sino como símbolo del proceso mismo. Uno de los escritos donde evidencia la naturaleza del movimiento es: "Sobre aquellos que entran en los mismos ríos, fluyen aguas diferentes y otra vez diferentes."[1] El río permanece el mismo precisamente porque sus aguas cambian: la identidad no se opone al cambio, lo requiere. Aunque lo vemos paradójico, tiene mucho sentido, ya que llamamos río a un cúmulo de agua que precisamente fluye todo el tiempo; si las aguas dejaran de fluir no sería un río. Existe, pues, un sentido en el que un río es río porque permanece como tal cambiando lo que contiene.
Saltemos a otro de sus fragmentos filosóficos: "Este kosmos... siempre fue y es y será, un fuego siempre vivo, encendido en medidas y extinguido en medidas."[2] Heráclito nos revela que el cosmos no fue creado ni será destruido: no hay generación desde la nada, hay transformación cíclica regulada. Esto se confirma en B31: "La tierra se vierte como el mar, y se mide según la misma proporción (logos) que era antes de convertirse en tierra."[3] Se revela el ciclo reversible de transformaciones en proporciones constantes mediadas por el Logos: no hay creación de lo nuevo, hay recombinación de lo que ya existe.
Ahora hablemos de Parménides de Elea, filósofo que siempre negó el cambio en su poema metafísico escrito en verso homérico, donde se encuentran muchas imágenes inspiradas en la Odisea. En su poema plasma la reputación que tenía de ser un pensador profundo y muy desafiante en la temprana filosofía griega. Se le vió como un monista metafísico, aunque su trabajo ha dado lugar a varias interpretaciones. Para él el mundo que percibimos cotidianamente, con todos los entes y objetos que nos rodean y cambian constantemente, era simplemente una ilusión: el conocimiento genuino solo puede ser sobre lo que realmente es, dándonos a entender que es lo que es y hay lo que hay, porque lo que no es, es imposible que exista ni siquiera en el pensamiento; es lo que él llama las "creencias de los mortales".
Analicemos uno de los fragmentos de su poema sobre los dos caminos de pensamiento:
"el único, 'que es' y que no es posible 'que no sea', es el camino de la Persuasión (pues atiende a la Verdad); el otro, 'que no lo es' y que es correcto que no lo sea, esto de hecho te declaro que es un camino totalmente incapaz de ser investigado: porque no se puede saber lo 'que no es' (porque no se puede lograr) ni puede declararlo."
(Parménides, B2, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 40-46)
Parménides nos muestra que "que es" y "que no es" son los únicos dos caminos. El no-ser no puede pensarse ni decirse; por tanto, nada puede surgir de la nada ni perecer en ella. Parménides refuerza esta idea en B8:
"Sólo una historia de una ruta todavía queda: eso es... lo que es no se genera y es imperecedero, un todo de una sola clase, sin sacudidas y completo. Ni lo fue nunca, ni lo será, ya que es ahora, todo junto, uno... De lo que no es, no permitiré que digas ni pienses: porque no puede ser dicho ni pensado que no lo es."
(Parménides, B8, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 40-46)
Concluimos que lo que es es ahora, eterno, inmutable: ningún nacimiento ni perecimiento le está permitido, pues el cambio requiere no-ser, y el no-ser es impensable.
Tenemos claro que las posturas de estos dos gigantes filosóficos parecen opuestas, pero para llevarlos a ese punto invisible donde se unen, primero debemos entender las nociones metafísicas de cada uno sobre el ser. Parménides nos dice que el ser es identidad absoluta, inmóvil, indivisible: para que algo cambie debe dejar de ser lo que era, lo que implicaría pasar por el no-ser, imposible por definición. John Palmer destaca que fue el primero en distinguir rigurosamente entre lo que debe ser (necesario), lo que no debe ser (imposible), y lo que es pero no necesita ser (contingente).[4] Por el contrario, Heráclito nos da a entender que el ser no es una sustancia estática sino un proceso gobernado por el Logos (B1, B50): el fuego como arché no es materia fija sino símbolo del cambio como principio organizador. Graham argumenta que por eso Heráclito no puede ser un monista material clásico, ya que su fuego apunta más allá de la sustancia hacia el proceso.[5]
El punto de convergencia radica en que ambos coinciden en que nada surge de la nada. Parménides lo dice explícitamente (B8); Heráclito lo muestra implícitamente: el fuego siempre existió (B30) y las transformaciones son cíclicas y reversibles (B31). La diferencia es que Parménides concluye que entonces no hay cambio real, mientras Heráclito concluye que el cambio es precisamente esa reconfiguración constante sin origen ni fin.
Teniendo presentes estas ideas, argumentemos la intersección de estos dos antagonistas. Antes de llegar a las premisas, comprendamos un término fundamental: ¿qué es lo nuevo? La respuesta exige distinguir entre lo nuevo relativo y lo nuevo absoluto.
Lo nuevo relativo es aquello que no existía en esa configuración específica antes, pero cuyos elementos constitutivos sí existían. El río de B12 es nuevo en cada instante porque las aguas son siempre otras; sin embargo, el río como tal permanece. De la misma manera, una sinfonía es nueva cada vez que se interpreta, pero las notas que la componen no son creadas en ese momento. Lo nuevo relativo es entonces una reconfiguración de lo que ya es, una forma distinta que emerge de elementos preexistentes. Lo nuevo absoluto, en cambio, sería algo que brota desde donde no hay nada en absoluto, desde el no-ser que Parménides declara impensable en B2 y B8: no una reconfiguración sino una aparición radical donde antes no existía absolutamente nada.
Esta distinción revela algo que el debate ha pasado por alto: cuando Parménides declara en B8 que el ser no puede surgir del no-ser, está negando lo nuevo absoluto, y tiene razón. Cuando Heráclito afirma en B30 que el cosmos siempre fue, es y será, está confirmando que todo cambio ocurre dentro de lo que ya existe, afirmando lo nuevo relativo. Estaban hablando de cosas distintas con el mismo lenguaje, y de ahí nació una contradicción que en realidad nunca existió.
Entendidos estos conceptos, podemos argumentar con dos premisas. Premisa 1, de Parménides: nada puede surgir del no-ser ni perecer en él; la generación de lo radicalmente nuevo es metafísicamente imposible (B2, B8). Premisa 2, de Heráclito: el cosmos siempre fue, es y será; las transformaciones son reales, constantes, reguladas por el Logos y completamente reversibles (B30, B31, B12). Se concluye entonces que el cambio metafísico existe, pero es transformación perpetua, no creación. Lo que cambia no es el ser en su totalidad —eso le daría la razón a Parménides—, sino la configuración de sus elementos. El Logos garantiza que el cambio no sea caos sino orden: el mismo orden que Parménides requiere para el ser. Como el río de B12: el río es siempre el mismo —hay identidad—, pero sus aguas siempre fluyen —hay cambio real—. La paradoja se disuelve cuando entendemos que la identidad no requiere inmovilidad, sino patrón.
Observemos ahora que dentro de toda la argumentación nos topamos con la ambigüedad que nos presentan Heráclito y Parménides en sus trabajos y que nos haría dudar de la conclusión propuesta. Desde el punto argumentativo de Parménides radicalmente hablando, podríamos contraargumentar que si el cambio requiere que algo "deje de ser" lo que era para "convertirse" en otra cosa, entonces en el momento de la transición esa cosa no es ni lo que era ni lo que será. Ese instante intermedio implica no-ser, que Parménides declara impensable. Por tanto, incluso la transformación cíclica de Heráclito es ilusoria: si el fuego se convierte en agua, en algún momento no es ni fuego ni agua, lo cual viola B8.
Por otra parte, desde Heráclito contraargumentaríamos que, si el cambio es sólo transformación sin generación de lo nuevo, entonces el universo es un sistema cerrado y determinado donde nada genuinamente nuevo puede ocurrir. Pero Heráclito afirma en B88 que "la misma cosa es viva y muerta", y en B53 que la guerra "a algunos los muestra como dioses, a otros como humanos"[6]: esto sugiere que el cambio tiene carácter revelador, no meramente mecánico. Una transformación que revela algo antes oculto, ¿no es acaso generación de lo nuevo?
Si vemos detenidamente este muro contraargumentativo, podemos distinguir pequeñas grietas que nos visibilizan caminos para nuestra conclusión. El argumento parmenídeo asume que el cambio es discontinuo, pero Heráclito propone un cambio continuo y gradual regulado en medidas (B30, B31): no hay un momento de no-ser, hay una proporción que se transforma constantemente. El propio Parménides, en su cosmología —la Doxa—, tuvo que reconocer dos principios, luz y noche, precisamente porque la experiencia del mundo exige explicar la diferencia. Palmer llama a esto la "interpretación aspectual": Parménides no niega el mundo sensible, lo describe en otro nivel.[7]
Por otro lado, que una transformación revele algo antes oculto no implica que ese algo sea genuinamente nuevo. En B123, Heráclito dice que "a la naturaleza le encanta esconderse".[8] Lo que se revela ya estaba presente pero oculto. La guerra no crea dioses y esclavos de la nada: los manifiesta. El Logos no genera novedad absoluta, sino que organiza lo que ya existe en configuraciones diferentes. Esto refuerza mi tesis: el cambio es revelación y reconfiguración, nunca creación desde la nada. Parménides y Heráclito no se contradicen; sólo describen el mismo cosmos, uno desde la perspectiva del ser necesario, el otro desde la perspectiva del proceso por el cual ese ser se manifiesta.
Concluyendo, regreso a la pregunta original: ¿existe el cambio metafísico? La respuesta es sí, pero de una manera específica: como transformación perpetua y ordenada, no como generación de lo radicalmente nuevo. Ni la postura de Heráclito pura ni la de Parménides pura son suficientes por sí solas.
Es importante tener en cuenta la importancia filosófica que tiene este debate, ya que no es solo histórico. La pregunta por el cambio metafísico sigue siendo central en la ética —¿puede el ser humano cambiar genuinamente? —, en cosmología —¿el universo crea algo nuevo? — y en ontología —¿qué significa ser? —. Encontrar el punto de convergencia entre Heráclito y Parménides permite construir una ontología más ambiciosa que cualquiera de las dos por separado.
Algo que me gustaría resaltar es lo que Heráclito dijo: "a la naturaleza le encanta esconderse".[9] Quizás lo mismo aplica al propio debate entre Heráclito y Parménides: lo que se oculta detrás de su aparente contradicción es una verdad más profunda que ninguno de los dos formuló completamente. El cambio existe, pero solo como la naturaleza misma existe: sin origen desde la nada, sin destino hacia la nada, en un proceso eterno que es al mismo tiempo movimiento y orden.
1 Heráclito, B12, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
2 Heráclito, B30, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
3 Heráclito, B31, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
4 John Palmer, "Parmenides," Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2008.
5 Daniel W. Graham, "Heraclitus," Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2007.
6 Heráclito, B88 y B53, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
7 John Palmer, "Parmenides," Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2008
8 Heráclito, B123, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
9 Heráclito, B123, en C. D. C. Reeve, Patricia Curd y S. Marc Cohen, Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 4th ed. (Indianapolis: Hackett, 2016), 29-39.
Bibliografía
Graham, Daniel W. “Heraclitus.” Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2007.
Palmer, John. “Parmenides.” Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2008.
Reeve, C. D. C., Patricia Curd y S. Marc Cohen. Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle. 4th ed. Indianapolis: Hackett Publishing Company, 2016.
