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04/11/2025
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  • Epicuro
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  • Epicuro
  • Lucrecio
 

Acontecer inevitable

Enrique Castillo de Silva∙ 10 minutos de lectura

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I. Introducción

Se señala que Epicuro no ha definido la muerte en su argumento.[1] Pero, para Epicuro, el alma no sobrevive a la muerte del cuerpo, al no poder existir independientemente de éste, la muerte sería el fin de la vida.[2] Se refuerza en su carta a Meneceo, que retomaremos más adelante.

Epicuro sostiene que una barrera del pensamiento correcto es el lenguaje. Invitándonos a interpretar las palabras en sentido básico y práctico, evitando lo que él llama "sonidos vacíos”: conceptos o términos que pueden confundirnos o hacernos creer en experiencias inexistentes.[3] Nombrar la muerte puede llevarnos a pensarla como un estado experimentable, pero para Epicuro no lo es, ya que al morir dejamos de tener conciencia.

También se argumenta que Epicuro se equivocó, ya que el proceso de morir puede llegar a ser insoportable.[4] Veamos si lo que afecta es la muerte o el proceso de perecer como parte natural de la vida.

 

II. Contenido

La filosofía de Epicuro (341–270 a.C.) integra epistemología, metafísica, ética, estética y lógica conectadas coherentemente. Plantea la felicidad como resultante de la ausencia de dolor físico y perturbaciones mentales, así como la descripción de la naturaleza desde un atomismo materialista, rechazando las ideas platónicas.

Con esto propone que el alma está compuesta de átomos finos distribuidos por el cuerpo, mediante los cuales experimentamos sensaciones, dolor y placer. Así, al entender que el ser humano es un conjunto de átomos y que la muerte es su disolución, sin un alma que sobreviva, Epicuro elimina el temor al castigo después de morir. Esto libera el miedo a los dioses permitiendo una ética basada en la virtud, enfocada en maximizar placer y reducir dolor, sin depender de mandatos divinos.[5]

Epicuro sostiene que el fin de la vida es alcanzar Aponía y Ataraxia. El prefijo “a-” en griego denota negación o ausencia.

Aponía.
“Ponía”: dolor físico y mental.
Aponía sería ausencia de dolor corporal, físico.

Ataraxia.
“Taraxia”: ansiedad o miedo.
Ataraxia sería Paz mental, ecuanimidad. Liberación del miedo.

Placer y Hedonismo.
En su ética de virtud, placer para Epicuro es Aponía y Ataraxia.
Hedonismo: encontrar placer sin restricciones, sin importar las consecuencias, el dolor o las pérdidas.[6]

¿La muerte afecta al que muere

No.

1.-Si una persona está viva, entonces puede ser afectada por perecimiento, envejecimiento y especulación, pero no por la muerte.

2.-Si una persona puede ser afectada por perecimiento, envejecimiento y especulación, entonces está viva.

C. El perecimiento, envejecimiento y especulación afectan a la persona viva.

Establece que tenemos un cuerpo perecedero, el sufrimiento por envejecimiento y especulación debe asumirse como parte natural de vida, no como muerte; aceptándolos con valentía, serenidad y aprendizaje. “Lo que es abstractamente posible, lo que puede concebirse, no constituye ningún obstáculo para el sujeto pensante, ningún límite, ningún freno.”[7]

Contraargumentos.

(1) La tesis del daño.

1. Si en ocasiones la muerte es mala para los que mueren, entonces la afecta.

2. En ocasiones la muerte es mala para los que mueren.

C. La muerte en ocasiones afecta a la persona que muere.

Esto puede estar basado en diferentes razones: interrupción de proyectos de vida, sufrimiento de personas cercanas, inhabilitación de futuras experiencias posibles.

Sostiene que la muerte, en ocasiones, es perjudicial para la persona que muere ya que es algo que la daña[8]. En términos comparativos, si la persona hubiera vivido, pudo haber tenido experiencias valiosas, hay una pérdida potencial de vida.

Pero esto sugiere que más vida es buena y menos vida es indeseable, lo que puede hacer ver la muerte como tragedia y desear una vida interminable, lo que podría resultar agotador, incluso llevando al deseo de no vivir más.

Asumir que la muerte será mala basándonos en estadísticas confunde dos planos: el de las probabilidades que orientan decisiones prácticas como prever una lluvia, incluso sobre salud o riesgos, y el de la muerte, donde trasladar esa lógica resulta problemático, porque quizá no haya sujeto que experimente lo previsto. El argumento de la simetría sugiere aceptación: “Mira hacia atrás en el tiempo... antes de nuestro nacimiento. De este modo, la naturaleza tiene ante nuestros ojos el espejo de nuestro futuro después de la muerte. ¿Es esto tan sombrío, tan lúgubre?”[9]

(2) Muerte vivida como proceso.

1. La muerte es un proceso que afecta a la persona en todo momento, en interrupciones de vida, envejecimiento o en creencias metafísicas después de la muerte.

2. La muerte es un proceso que afecta desde que la persona comienza a existir.

C. Por lo tanto, la muerte afecta a la persona mientras vive.

La muerte está presente en situaciones que interrumpen la vida, en decisiones complejas, como suicidio, eutanasia, aborto, crimen o trasplante de órganos. Incluso, algunas leyes o creencias pueden determinar el momento de la muerte o sugerir vida después de ella, continuando en el proceso constante de muerte.

Pero sostenemos que el fin de la vida humana es un fin, no un proceso. Envejecimiento y muerte no son procesos de muerte, no vivimos en la muerte. Situaciones que interrumpen la vida son eventos que marcan el fin de la vida y creencias sobre lo que ocurre después de morir, no alteran el hecho biológico de que la vida humana termina.

El proceso biológico de descomposición o envejecimiento puede continuar y en algunos casos retenerlos, pero la muerte llega independientemente de en qué momento de la vida estemos. En este sentido, la muerte es el límite donde la vida humana termina. Perecer o envejecer son procesos de vida, no son la muerte. No estamos en constante muerte, no es lo mismo un proceso de descomposición estructurado por ser seres terminales, que el hecho de que la vida humana termine.

(3) Desde que nacemos estamos muriendo.

¿Por un lado vivimos pero no morimos, y por otro no morimos pero estamos muriendo? Entonces, ¿morimos o no morimos?

Confundir deterioro con muerte distorsiona lo que es morir. No es un proceso constante desde el nacimiento, sino el cese total de las funciones vitales. Lo que experimentamos en la vida es deterioro, no la muerte.

Consideremos el caso de un cuerpo sin vida: Aunque se descompone, no decimos que “sigue muriendo”. Lo que vemos es la transformación de la materia. Eso confirma que muerte y deterioro no son lo mismo.

Afirmar que estamos muriendo desde que nacemos puede ser poético, pero no preciso. Esa idea sólo observa la muerte desde fuera, sin decir nada sobre su experiencia interna. Nadie ha regresado de la muerte después de años relatando lo que es morir. La muerte no es un estado que se pueda experimentar en primera persona. Cualquier afirmación sobre ella desde esa perspectiva es especulativa, no podemos atribuirle continuidad o proceso como si se tratara de un evento que acompaña toda la vida.

La vida involucra deterioro y pérdida, pero no equivale a estar muriendo. Vivimos en condiciones finitas, pero convertir la muerte en una metáfora continua nos aleja de su comprensión, asumiendo erróneamente una experiencia que nadie ha tenido desde dentro. Por tanto, vivimos en proceso de desgaste pero la muerte no es un proceso continuo, sino el instante en que cesa por completo la actividad vital.

(4) Vivir es elegir cómo morir.

Vamos eligiendo un tipo de muerte según nuestros hábitos, como cualquier suicida. Pero esto sigue siendo una imagen poética, no precisa. Ignora estructuras sociales, económicas, políticas y corporales que condicionan nuestra existencia y las resume en una palabra ya compleja: suicida. Como si nacer con enfermedades o sufrir accidentes fueran una mala elección. No elegimos qué sistema inmunológico tendremos, qué enfermedades nos afectarán ni en qué entorno nacemos.

La vida no es suicidio basado en elecciones, sino existencia dentro de límites y vulnerabilidades. La pulsión de muerte, la entropía, conductas o enfermedades que inducen destrucción, muestran un aspecto de la existencia, pero no la definen ni son absolutos. Afirmar que lo que hacemos es autodestruirnos confunde estas manifestaciones y el desgaste natural con una intención destructiva.

(5) ¿Qué clase de ética se deriva de pensar que vivir es autodestruirse y enfocarnos en una ética antinatalista?

El sufrimiento no solo depende de las condiciones del mundo, también es una construcción humana. Una ética que propone cortar la vida para detener el sufrimiento queda incompleta, porque el problema no está en nacer, sino en confundir vulnerabilidad con daño. La ética orienta cómo vivimos y nos relacionamos, y también cómo reducimos vulnerabilidades para evitar el daño, no cómo evitar existir.

 (6) ¿Qué clase de mundo se construye desde una visión de extinción, uno sin vida humana?

Ofrecer la extinción como horizonte es renunciar a la vida, sustituye el problema del sufrimiento por el vacío, sin proponer cómo habitar y transformar la forma de vivir. Con ello solo desaparece el relato, pero no el fenómeno, el sufrimiento sigue manifestándose en otras formas de vida sensibles.

Incluso, decir que la nada no duele puede ser cierto, pero convertir esa obviedad en fundamento de extinción excluye a la ética, porque al cancelar al sujeto se cancela toda posibilidad de reconocer el sufrimiento. Y aunque pueda pensarse como aponía y ataraxia absolutas, no hay quien la perciba, sin sujeto no hay experiencia posible. Además, no es lo mismo una decisión frente a un sufrimiento concreto, que plantear extinción como solución universal. La primera es elección concreta; la segunda, negación absoluta de la vida. Negar el daño mediante la extinción es también negar toda posibilidad de transformación y de sentido en la existencia.

Por lo tanto, sin sujeto no hay ética ni experiencia de la existencia. La extinción no resuelve, clausura el campo donde podrían nacer valores y sentido. Llamar solución a la clausura es confundir ausencia con respuesta, elimina el problema pero no lo resuelve éticamente, y al no poder resolverlo prefiere el vacío.

Ahora bien, podemos aceptar que somos seres para la muerte, pero no significa que estemos muriendo constantemente ni que cada acto en vida sean formas de morir. Estamos en degradación continua, pero no en una muerte continua. No nos autodestruimos por estar vivos. Vivimos sabiendo que vamos a morir, y es ahí donde abrimos preguntas sobre la existencia.

De este modo, aunque el organismo emplee mecanismos donde algunas partes se destruyen para preservar el conjunto, esto no significa que la vida en su totalidad sea una pulsión de autodestrucción, sino la expresión de su condición finita. Llamar autodestrucción al desgaste vital es confundir procesos de regulación con una intención destructiva esencial.

Reafirmación. Epicuro en su carta a Meneceo.

La muerte es el fin de la vida. Proceso es perecimiento y envejecimiento natural como características de la vida. Argumento de Epicuro:

“La muerte..., el más terrible de los males, no es nada para nosotros, ya que, cuando somos, la muerte no viene, y, cuando la muerte viene, no somos.” [10]

Analicemos 3 puntos clave: sujeto que es dañado por la muerte. Daño claro que se recibe y momento en el que se recibe el daño. Lo que nos sugiere:

1. ¿En qué momento sucede la muerte? A) después de la vida, B) durante la vida.

2. Si es después de la vida tenemos el problema del sujeto, ¿A quién le sucede?

3. Si es durante la vida se resuelve el problema del sujeto, pero no hay manera de explicar cómo la muerte es mala y dañina, ya que parece que no tiene ningún efecto, pues el sujeto no está presente después de la muerte.

C: Como no se pueden conciliar los 3 elementos, Epicuro rechaza la tesis del daño.

 

Conclusión

Reconociendo que somos seres perecederos y que la muerte es el fin de la vida, entendemos que no vivimos en la muerte. El proceso de vida es desgaste natural hacia la muerte, pero no vivimos en ella. Aunque podamos sentir desgaste y llamarlo "proceso de muerte", seguimos siendo conscientes del proceso de perecer hasta que la muerte realmente ocurre, cuando ya hemos dejado de existir.

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Notas

[1] David Konstan, “Epicurus,” en The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta, (Winter 2005 Edition), https://plato.stanford.edu/entries/epicurus/
[2] Steven Luper, La Tesis del Daño, trad. por Mateus Bolson Ruzzarin (Estados Unidos: Internet Encyclopedia of Philosophy, 2019), PDF.
[3] Konstan, “Epicurus,”
[4] Luper, La Tesis del Daño, 22.
[5] Mateus Bolson Ruzzarin, “Epicurus & the End,” clase de Historia de la Filosofía Moral, Mindshop Knowledge Society, Semana 2, 2024, https://mindshop.cafe
[6] Ibid
[7]Ibid
[8] Luper, La Tesis del Daño, 45.
[9] Lucrecio, De Rerum Natura, citado en Steven Luper, La Tesis del Daño, trad. por Mateus Bolson Ruzzarin (Estados Unidos: Internet Encyclopedia of Philosophy, 2019), PDF.
[10]Epicuro, Carta a Meneceo, trad. por Mateus Bolson Ruzzarin, citado en clase de filosofía impartida en Mindshop Knowledge Society, 2024.

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Bibliografía

Bolson Ruzzarin, Mateus. “Epicurus & the End.” Clase de Historia de la Filosofía Moral, Mindshop Knowledge Society, Semana 2, 2024. https://mindshop.cafe.
Epicuro. Carta a Meneceo. Traducido por Mateus Bolson Ruzzarin. Mindshop Knowledge Society, 2024.
Konstan, David. “Epicurus.” En The Stanford Encyclopedia of Philosophy, editado por Edward N. Zalta. Winter 2005 Edition. https://plato.stanford.edu/entries/epicurus/.
Lucrecio. De Rerum Natura. Citado en Steven Luper, La Tesis del Daño, traducido por Mateus Bolson Ruzzarin. Internet Encyclopedia of Philosophy, 2019. PDF.
Luper, Steven. La Tesis del Daño. Traducido por Mateus Bolson Ruzzarin. Internet Encyclopedia of Philosophy, 2019. PDF.

 

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