La muerte: una característica de la vida.
Daniel Resendiz ∙ 10 minutos de lectura
Este ensayo proporciona un argumento clave para responder, ¿La muerte afecta al que muere? Abarcando los conceptos básicos de vida y muerte, la tesis del daño y la posición de Epicuro sobre la misma.
Estructura: primeramente, (I) los conceptos de vida y muerte, (II) se explicará la creencia de más vida es mejor y la muerte como el daño máximo, (III) se introducirá la tesis del daño y el argumento epicúreo en contra de ella, (IV) se expondrá el argumento en contra de la tesis del daño, además de dos contraargumentos, (V) se discutirán las debilidades de los contraargumentos y para finalizar (VI) comentarios finales.
Vida y muerte.
(I) Primeramente definir la vida ya es una cuestión de controversia. Todo aquello que tiene vida tiene la capacidad distintiva para desarrollarse y mantener diversos procesos como la quimiosíntesis, fotosíntesis, respiración celular, la capacidad de respuesta, el crecimiento, el metabolismo, la transformación de energía, la reproducción, etc. En otras palabras, la vida puede definir su naturaleza esencial como un proceso o un conjunto de procesos y su capacidad para sostenerse a sí misma utilizando estos procesos.1
Pero al igual que la vida, definir la muerte es algo a discusión, pues puede referirse a un evento momentáneo o un proceso de extinción progresivo. Se puede definir como “El final de la vida” pero es algo ambiguo, si es un evento, puede distinguirse de 3 maneras: La pérdida del último rastro de vida (muerte por desenlace), un punto en el proceso donde la extinción está asegurada (muerte umbral) o cuando los sistemas fisiológicos del cuerpo pierden la capacidad de funcionar como un todo integrado (muerte de integración). 2
Por lo tanto, la muerte puede ser un estado (estar muerto), el proceso de extinción o uno de los tres eventos que ocurren durante el proceso de muerte. 3
Vida vs Muerte.
(II) En general, para todo ser biológico, los humanos incluidos, la muerte está constituida por la pérdida de la capacidad de sostenerse utilizando procesos vitales, o una definición más precisa, la muerte es el cese total de los procesos vitales que finalmente ocurre en todos los organismos vivos.
La relación que se tiene con la vida y la muerte es diversa y varía de persona a persona, así como varían los intereses, el bienestar y lo que puede o no puede hacer daño. En este sentido el bienestar se puede explorar como aquellas experiencias, acontecimientos, o deseos que dan o darán placer y que se etiquetan como buenas en un tiempo determinado o sostenido en el tiempo. Ahora, aquellas cosas que producen dolor o sufrimiento se catalogan como malas y dañinas para el sujeto. Entonces, dada esta relación bienestar/placer y daño/dolor se establecen aquellas eventos o situaciones que van a favor o en contra de los intereses del individuo.
Una exploración profunda de los intereses puede darla el comparativismo. Teoría donde se comparan dos mundos: un mundo real y un mundo ficticio donde, mediante valores arbitrarios, se calcula el valor de bienestar de un sujeto en ambos mundos. En el mundo real se suman todos los eventos buenos y malos que sumó a lo largo de su vida, en el mundo ficticio se suman bienes y males y se eliminan o agrega un evento el cual se evalúa si es bueno o malo. De esta forma se puede determinar si un evento es beneficioso/dañino en la vida de un sujeto en la suposición de que ocurra o no ocurra tal evento.4
Con lo anterior se puede argumentar que todos aquellos eventos, experiencia, deseos, y procesos que producen placer se dan cuando se tiene vida, por lo tanto, se concluye que la vida es buena y más de ella sería mejor pues habrá más placeres y bienes en el futuro. En este sentido se condena a la muerte, pues sería un evento que pone fin a todo lo bueno y priva al sujeto de todos aquellos placeres, bienes y proyectos que el futuro proporcionará eventualmente. En esa línea de razonamiento, la muerte sería un evento que daña parcial o completamente al sujeto en cuestión, pues condena la condición humana basándose en que tiene un lado trágico, a saber, la muerte. Aquí se establece esa condena en la suposición que más vida sería bueno y que todo lo bueno queda anulado por ese lado “trágico”. 5
La tesis del daño y Epicuro.
(III) Por lo general las personas que valoran la vida aceptan la tesis del daño: la muerte es, al menos a veces, mala para los que mueren, y en ese sentido, es mala por que los daña. Los que defienden esta tesis se basan en una versión del comparativismo; la muerte de una persona puede dañarla, pero la muerte también puede ser inofensiva. Para decidirlo se debe comparar el nivel de bienestar real de un sujeto con el nivel de bienestar que habría tenido si no hubiera muerto. El comparativismo también tiene implicaciones sobre si morir joven es malo para el que muere. En ambos casos la respuesta depende de cómo habrían sido sus vidas si no hubieran muerto, es decir, todos los bienes intrínsecos y extrínsecos que se habrían tenido si el evento de la muerte no se hubiera presentado.6
Epicuro defiende que el estado de la inexistencia o la muerte no es malo y no puede afectar al sujeto. Argumento de Epicuro en su Carta a Meneceo: “La muerte... el más terrible de los males, no es nada para nosotros, ya que, cuando estamos, la muerte no ha llegado, y, cuando la muerte ha llegado, nosotros no somos.”7
El argumento de Epicuro es sólido, pues se puede reafirmar: si la muerte daña al sujeto que muere, debe existir un sujeto que es dañado por la muerte, un daño claro que se recibe y un momento en el que se recibe ese daño. Pero la muerte sigue inmediatamente a la vida, la muerte no parece tener ningún efecto negativo cuando un sujeto sigue vivo, ya que aún no ha ocurrido y cuando la muerte ha ocurrido no hay ningún sujeto existente que reciba ese daño, si es que el daño existe en primer lugar.
Si bien este argumento no toma la muerte desde el punto de vista del “proceso de muerte”, sí establece una base sólida para la muerte por desenlace en la que el evento momentáneo no tiene un efecto negativo en el sujeto. Esto aplica también para los eventos póstumos, los cuales tampoco pueden dañar al sujeto, pues ya no existe el sujeto que recibirá el daño.8
La muerte, una etapa de la vida.
Ahora bien, Epicuro pudo referirse a la muerte por desenlace y también al orden natural de las cosas.
1- (IV) Todo ser biológico eventualmente morirá.
2- Los humanos son seres biológicos.
C- Todos los humanos eventualmente morirán.
Así como la niñez9 y la infancia10 son parte de la vida humana, lo es también la muerte, siendo la última etapa, etapa a la que todo ser humano llegará posiblemente a una edad temprana o en una vejez avanzada. Si bien la tesis del daño es buen ejercicio teórico para explorar posibilidades, sigue basando las respuestas en mundos ficticios con la suposición que los eventos ocurran o no, entonces no puede responder la pregunta de una manera objetiva de forma satisfactoria, pues las respuestas son meramente ficticias. Ahora, todo ser humano pasa por un desarrollo humano11, que es el proceso de crecimiento hasta madurez; se comprenden las etapas de la infancia, la niñez, la adolescencia, hasta la adultez donde se alcanza la plena madurez física e intelectual, pero a la vez, inicia el declive lento y gradual de las funciones corporales que se aceleran cuando llegamos a la etapa de la vejez12. Todas estas etapas son parte de los procesos naturales del cuerpo biológico humano y lo es también la muerte como etapa final.
¿Por qué no argumentar en contra de la etapa de la adolescencia13 dado que es un evento que, se puede argumentar, daña de cierta forma por todos los cambios corporales y mentales que esta genera? Es irracional decir que las etapas que conforman la vida son dañinas, de igual manera es irracional decir que la muerte es dañina sólo porque no se acepta el final del ciclo que todo ser biológico cumple.
(V)
Con lo anterior se puede contraargumentar que aún y cuando la etapa de la muerte sea un evento completamente natural, podría dañar cuando se está en el “proceso de muerte”, y el daño puede ser no sólo en el “proceso de muerte”, sino que, recordando el bienestar, puede dañar por los bienes futuros de los que priva la muerte.
Entonces, el “proceso de muerte” se puede reescribir desde otra perspectiva, pues este proceso de muerte puede ser los últimos momentos del declive de las funciones vitales del cuerpo, la vida sigue existiendo, aunque esté en deterioro con el cese de estos procesos. Ahora bien, este proceso de muerte puede ser redefinido como el “proceso de cese de las funciones vitales” y este, así como una etapa de desarrollo, es parte del proceso natural que todo ser humano atravesará, cuando llegue a la vejez o llegue a la edad adulta y comience este decaimiento, el declive de estas funciones vitales es lo que podría producir un daño, producir un sufrimiento, y esto depende de muchos factores, entonces la muerte no es dañina, sino la decadencia de las funciones biológicas. Ahora bien, aquellas personas que mueren a temprana edad por algún evento inesperado, como un accidente o una enfermedad, no fue la muerte quien provocó un daño, sino aquel evento que adelanta esta etapa.
En lo que respecta a aquellos bienes de los que priva la muerte, eso no es posible afirmarlo, pues no se puede asegurar que con más vida se tendrán más bienes o más placeres, y tampoco puede asegurarse cuando se está vivo. Del futuro no se tiene certeza, solo se pueden hacer planes o tener deseos, pero la forma en cómo se hacen esos planes, qué tipo de deseos se tienen y la acciones en el presente, son la manera de abordar el dilema del bienestar, pues es irracional perseguir deseos imposibles, o planes que solo se van postergando en el tiempo, mientras que en el presente no se trabaja sobre ellos. Pero, más irracional aún, cuando se espera que el futuro solo traiga experiencias placenteras o cosas buenas, pues el día a día es un conjunto de experiencias que no solo son desagradables o agradables, sino experiencias de todo tipo, con diferentes matices. Querer alargar la vida al futuro solo con cosas buenas es tan irracional como alargar la vida al pasado y que en ese pasado se queden solo las cosas malas. Entonces en ninguno de esos dos contraargumentos se puede afirmar que la muerte es un daño para el que muere.
Comentarios finales.
Aceptar la mortalidad y que el cuerpo tendrá un fin al igual que nuestra existencia, es el primer paso para realizar mejores planes y tener mejores deseos. La muerte no es un fin trágico, es el orden natural para el humano y para cualquier ser vivo. ¿Para qué se quiere vivir 300 años si el presente no es de provecho?, bien lo menciona Marco Aurelio en una de sus meditaciones: “No actúes en la idea de que vas a vivir diez mil años. La necesidad ineludible pende sobre ti. Mientras vives, mientras es posible, se virtuoso.”14 La muerte no puede dañar si la idea de ella cambia, pues es la subjetividad lo que la cataloga de tal manera, pero solo porque un grupo comparta dicha idea no la vuelve objetiva o correcta.
Nadie piensa sobre si el día de hoy será su último día y nadie debería de hacerlo, pues jamás nos preguntamos cuando fue nuestro último día de niñez o cuando fue el momento exacto del cambio de la adolescencia a la adultez, entonces, lo que se puede hacer es aceptar este hecho completamente natural y dejar de tratarlo como un agente externo a la existencia humana. Aceptándolo, se pueden tomar mejores decisiones, mejores planes; más alcanzables, más realistas, tan realistas como el hecho de que antes del humano el mundo estaba y después de él, el mundo seguirá.
Entonces, la muerte no produce daño alguno, la muerte solo es una etapa más en el ciclo natural del ser humano, lo que sí tendrá un efecto beneficioso o dañino es la moral, las decisiones y los efectos que estas produzcan. ¿Por qué no en lugar de bienes futuros, se disfrutan los presentes, se actúa como seres mortales, mejorando con cada generación? Tal vez así, la necesidad ineludible no se convierta en una condena subjetiva.
Bibliografía
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Csikszentmihalyi, M. "adolescence", Britannica, Britannica Group, octubre 24, 2025. Consultado el mes de octubre, 2025, https://www.britannica.com/science/adolescence.
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Antonino, Marco Aurelio, Meditaciones. Novena edición. España: Gredos, 2023.
