El cauce del Ser: La victoria del flujo heraclíteo frente a la inmovilidad de Elea
Erick Alberto Courtney Téllez ∙ 10 minutos de lectura
Introducción
En este ensayo argumentaré a favor de la existencia del cambio metafísico, haciendo referencia a las principales ideas de Heráclito, y contraponiéndolas con las de Parménides. Específicamente, me centraré en (I) la teoría del cambio de Heráclito y (II) el argumento metafísico de la ‘no generación’ de Parménides y la imposibilidad del cambio. Mi criterio para seleccionar esos argumentos se basa en el peso que tuvieron como inicio de la discusión metafísica. Tras contextualizar los conceptos fundamentales y los personajes, evaluaré críticamente los argumentos mediante ejemplos modernos, formulando dos objeciones, y finalmente expondré sus debilidades, demostrando que la negación del cambio metafísico de Parménides resulta insostenible contra la teoría del cambio de Heráclito.
Cuerpo
Para desentrañar cada argumento es preciso adentrarnos contextualmente en la época de la Antigua Grecia (aproximadamente entre el 625 a. C. y el 325 a. C.). Esta etapa de la historia puede ser vista como el inicio del pensamiento racional por parte de figuras a las que hoy denominamos filósofos. Estos pensadores observaron y analizaron el mundo y comenzaron a cuestionar las creencias de su tiempo (Mythos), buscando llegar a un conocimiento verdadero a través de explicaciones racionales (Logos).
Uno de los campos más discutidos desde los inicios de la Antigua Grecia fue la metafísica[1]; dentro de este campo se encuentra la rama primordial para comprender los argumentos que se verán más adelante, es decir, la ontología[2]. Aristóteles la llama filosofía primera y la define como “el estudio de las cosas no por sus características particulares (como su movimiento o su peso), sino por el simple hecho de que son” [3]. Cabe destacar que Heráclito y Parménides fueron trascendentales en el estudio de la ontología, ya que establecieron los términos del debate sobre la naturaleza fundamental de la realidad, el Ser y el cambio.
Ahora que hemos explicado qué es la metafísica, en conjunto con la ontología, hay que estar alineados sobre la distinción entre el cambio y el cambio metafísico. El cambio mundano podemos ejemplificarlo como la transición de un estado a otro de una cosa, causado por el fenómeno temporal en el espacio, mientras que el cambio metafísico, según la Stanford Encyclopedia of Philosophy (SEP), es el proceso en el cual una sustancia u objeto pierde propiedades intrínsecas, o pasa de un estado de Ser a otro.[4]
Heráclito de Éfeso
A inicios del periodo central de la Antigua Grecia existió Heráclito de Éfeso, un pensador de familia aristocrática, que dio la espalda a la vida política para dedicarse a la filosofía, donde fue reconocido por otros pensadores por sus aforismos, que hacían reflexionar a las personas por lo enigmáticos que eran.
(I) Teoría del cambio
Heráclito afirmó que el cosmos era gobernado por una única ley divina llamada Logos [5], acorde con la cual todos los elementos materiales del universo estaban sostenidos en balance. Por esta tensión de opuestos, Heráclito concluye que la sustancia (es decir, naturaleza fundamental de las cosas) es el estado de flujo o cambio. No hay que confundir el flujo o cambio con desorden, ya que para Heráclito el Logos (razón) da orden y es inmutable.
Explicando el Logos de un modo simple, tomemos la observación de Newton para crear la Ley de la Gravitación Universal de 1687: al igual que la manzana que Isaac vio caer del árbol (cambio), la ley de la gravedad (Logos) fue inmutable; esta no sufrió cambio con la caída.
La ejemplificación más conocida del Logos heraclíteo se presenta en la frase “No es posible entrar dos veces en el mismo río. Se dispersa y se vuelve a juntar, y se acerca y se aleja”[6], entendiendo entonces que la forma del río es la misma, a pesar de que su materia (agua) cambie. Esto aplica del mismo modo con el Ser, utilizando la frase: “Entramos y no entramos en los mismos ríos. Somos y no somos”[7].
Aquí Heráclito no explica que el cambio es solo agua fluyendo, más bien es la lucha de contradicciones, como lo menciona en la parte “Somos y no somos”. Si esta dualidad se elimina, se eliminaría la vida; es necesaria esta dualidad para la existencia del Ser. Por el contrario, sin ella no tendríamos la distinción entre el hambre y la saciedad, lo ilimitado y lo limitado, los pares y los impares, o lo bueno y lo malo.
Ahora bien, una objeción lógica es: si todo es cambio, y la identidad de algo cambia, entonces, ¿cómo puede el Logos mantenerse si no hay un ‘algo’ que cambie? Ya que el cambio estará inconexo, dicho de otra manera, ¿cómo todo puede ser cambio si el río sigue siendo el mismo a pesar de que el agua siga su flujo?
No obstante, Heráclito no muestra un cambio irreconocible, sino un cambio sutil y profundo en la identidad. Un tipo de realidad donde la materia constituyente dura con una constante renovación a la cual llama Logos. Reflejado en el ejemplo, el río no deja de ser río porque el agua cambia, sino porque el flujo es constante dentro de este. En la actualidad a esto se le llama identidad diacrónica, donde se analiza a un ente (persona u objeto) como “él mismo” a través del tiempo, pasando de T1 a T2 (T=Tiempo), pese a los cambios físicos o estructurales.
Parménides de Elea
En cambio, Parménides, influido por el pensamiento lógico, científico y matemático de los pitagóricos, fue el primero que estableció el cuestionamiento metateórico. Siguiendo este método, empleó el pensamiento racional para generar argumentos críticamente exhaustivos sobre las teorías filosóficas. Sus afirmaciones sobre el conocimiento, el Ser y el cambio son tales que fueron un serio desafío teórico no solo para los presocráticos, sino también para figuras posteriores, como Platón y Aristóteles.[8]
(II) El argumento metafísico de Parménides de la ‘no generación’ y la imposibilidad del cambio.
Opuesto a la semilla sembrada por Heráclito sobre la identidad de la sustancia siendo todo cambio, Parménides, mediante un poema metafísico y cosmológico escrito en verso[9], contrapone esta idea con su argumento de la ‘no generación’ y la imposibilidad de cambio. A continuación, el fragmento 2 del poema en cuestión, considerado como el corazón de la vía de la verdad de Parménides:
El que ‘es’, y el que ‘no es’ posible lo que ‘no sea’, es el camino de la convicción, ya que atiende a la verdadera realidad, pero el otro, que ‘no es’ y que ‘nunca será’, este, te digo, es un camino totalmente imposible: pues tampoco se podía aprender lo que ‘no es’, porque no se puede lograr, ni se puede indicar.[10]
Formulando a modo de silogismo:
1. (El ser): Todo lo que ‘es’; ‘es’, ‘será’, ‘fue’.
2. (El no ser): Todo lo que ‘no es’; ‘no es’, ‘no será’, ‘ni fue’.
3. (Cambio metafísico entre el ‘no ser’ al ‘ser’): El ‘no ser’ es impensable e inexistente.
∴ El cambio metafísico es inexistente, porque no tiene un punto de partida.
Nota: Es necesario recalcar que el cambio del que habla Parménides no es material, sino lógico-lingüístico; para él, pensar y ser son lo mismo.
Aun cuando Parménides establezca argumentos lógicos y coherentes, se vuelve paradójica la idea que está brindando, debido a que si lo que ‘no es’ es inexistente, cómo podríamos diferenciarlo del ser, presentándose la incógnita contra Parménides: ¿acaso no es esto contradictorio debido a que se le está brindando existencia al ‘no ser’?
Empero, el ‘ser’ al que se refiere Parménides es absoluto, explicado de manera relativa a través del lenguaje, y este, según Parménides, nos engaña, debido a que pasa por nuestros sentidos. Cabe recordar que, en la epistemología parmenídea, la experiencia sensorial puede ser engañosa y debe ser rechazada. Como advierte en el fragmento 7 de su poema, los sentidos nos confunden, por lo que el verdadero conocimiento del Ser solo puede alcanzarse a través de la razón.[11]
Tomemos a un árbol como ejemplo: Parménides diría que el Ser del árbol es inmutable, aun cuando el paso de las estaciones haga que las hojas cambien de color de verde a marrón en otoño y que estas caigan en invierno. Para él, el árbol metafísicamente es el mismo y lo que vemos es simplemente una ilusión de los sentidos. Parménides llama a esto Doxa, la cual resulta poco fiable por provenir de los sentidos y, por tanto, es una ilusión.
Pese a ello, como seres humanos, ¿cómo podemos guiar nuestro razonamiento si no consideramos la experiencia traída por nuestros sentidos? Imaginemos una realidad regida únicamente por el racionalismo radical: esta no podría tener avances científicos, porque se rechazaría el método científico debido al uso inherente de experimentación; la gente se volvería solipsista, puesto que no tomaría las objeciones o ideas del prójimo porque no vienen de su propia conciencia y estas se asimilan mediante los sentidos.
Parménides considera que los sentidos muestran multiplicidad y cambio, mientras que la razón dicta que el Ser es Uno. No niega que vemos cambios, pero rechaza que sea conocimiento. Pecando de ser racionalista radical, no considera lo que mucho tiempo después Kant llamaría criticismo, simplificado en una sola oración: la razón no genera conocimiento por sí sola, sino que lo estructura.[12] Si tomamos a lo absoluto como la realidad completa, parte de la realidad del ‘Ser’ está compuesta por los sentidos. Entonces Parménides debería explicar con la razón por qué dentro del ‘Ser’ existe la ilusión del cambio.
Esclareciendo el argumento de la no generación, específicamente sobre la realidad absoluta y relativa, contamos con la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein publicada en 1905; esta sugiere que el pasado, presente y futuro existen simultáneamente.[13] Desde esta perspectiva, el “cambio” es una ilusión de nuestra conciencia moviéndose a través de un tiempo que se encuentra estático.
Conclusión
Para finalizar, regresemos unos pasos atrás: Heráclito explica que todo es flujo y el Logos es un ente inmutable, el cual se refleja en la actualidad de manera física con la Ley de la conservación de la masa, publicada por Antoine Lavoisier en 1789, donde establece que la materia no se crea ni se destruye, solo cambia de estado o forma.[14]
Entrando más a fondo, ejemplifiquemos la teoría de Heráclito con el cambio material a nivel celular en humanos, renovando constantemente los tejidos, reemplazando por completo las células cada 7 a 10 años en promedio. El ser humano sigue siendo el mismo ente, pese a las transiciones o flujos que alteran su vida.
Entonces, aplicando la idea diacrónica y el ejemplo anterior, la naturaleza del Ser es la misma, mientras todo a su alrededor es cambio. Esto sustenta aún más la postura de Heráclito sobre la unidad de los opuestos, que señala maneras en que las cosas son a la vez iguales y diferentes a lo largo del tiempo. En otros términos, el cambio metafísico no destruye al objeto, sino que lo define.
Las cualidades contrarias se encuentran en nosotros como una misma cosa. Pero son iguales en virtud de que una se transforma en otra. Por lo tanto, resulta indefendible el argumento metafísico de Parménides de la ‘no generación’ y la imposibilidad del cambio, debido a que Parménides postula que el Ser (o el pensamiento) es absoluto e inmutable.
Notas
[1] También llamada filosofía primera. Entiéndase como metafísica el estudio de la naturaleza de las cosas. Es decir, el estudio del Ser; del libre albedrío; causalidad; espacio y el tiempo; posibilidad y necesidad; mente; e identidad personal. Definición adaptada de: Mateus Bolson Ruzzarin, "Introducción a la Filosofía Griega Antigua" (clase grabada #1, curso HP35, Mindshop, 2025).
[2] Aunque la definición formal de ontología llegó con Aristóteles, la semilla de esta investigación se encuentra en la tensión entre Heráclito y Parménides.
[3] S. Marc Cohen y C. Reeve, "Aristotle’s Metaphysics", en The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta y Uri Nodelman (Winter 2020 Edition), consultado el 26 de marzo de 2026, plato.stanford.edu. Traducción propia.
[4] Chris Mortensen, "Change and Inconsistency", en The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta y Nodelman Uri (Verano 2022), plato.stanford.edu. Traducción propia.
[5] La palabra Logos significa para Heráclito como: “explicación”, “lo dicho”, o “palabra”. Esto debido a que al expresar algo, para llegar al Logos necesitas también ofrecer una explicación. S. Marc Cohen, Patricia Curd y C. D. C. Reeve, eds., Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle, 5a ed. (Indianápolis: Hackett Publishing Company, Inc., 2016), 19.
[6] Cohen, Curd y Reeve, Readings, 22.
[7] Cohen, Curd y Reeve, Readings, 22.
[8] Cohen, Curd y Reeve, Readings, 26.
[9] Única obra de Parménides. En ella describe un camino que, en sentido figurativo, hizo una vez el narrador a la morada de una Diosa la cual le enseñaría la verdad. Ruzzarin, "Introducción a la Filosofía Griega Antigua" (clase grabada #3, curso HP35, Mindshop, 2025).
[10] Cohen, Curd y Reeve, Readings, 27. Traducido en Ruzzarin, "Introducción a la Filosofía Griega Antigua" (clase grabada #3, curso HP35, Mindshop, 2025).
[11] Cohen, Curd y Reeve, Readings, 28.
[12] Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, trad. Mario Caimi (Buenos Aires: Colihue, 2007), A51/B75. (Nota: Se suele citar por la paginación estándar A/B de las ediciones originales de 1781 y 1787). Paráfrasis de la doctrina epistemológica de Kant.
[13] Albert Einstein, carta a la familia de Michele Besso, 21 de marzo de 1955, citado en Banesh Hoffmann y Helen Dukas, Albert Einstein: Creator and Rebel (New York: Viking Press, 1972), 263.
[14] Antoine-Laurent de Lavoisier, Traité élémentaire de chimie, présenté dans un ordre nouveau, et d'après les découvertes modernes (París: Cuchet, 1789).
Bibliografía
Cohen, S. Marc, Patricia Curd y C. D. C. Reeve, eds. Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle. 5a ed. Indianápolis: Hackett Publishing Company, Inc., 2016.
Cohen, S. Marc y C. Reeve. "Aristotle’s Metaphysics". En The Stanford Encyclopedia of Philosophy, editado por Edward N. Zalta y Uri Nodelman. Winter 2020 Edition. plato.stanford.edu.
Einstein, Albert. Carta a la familia de Michele Besso. 21 de marzo de 1955. Citado en Albert Einstein: Creator and Rebel, por Banesh Hoffmann y Helen Dukas, 263. New York: Viking Press, 1972.
Kant, Immanuel. Crítica de la razón pura. Traducido por Mario Caimi. Buenos Aires: Colihue, 2007. (Obra original publicada en 1781).
Lavoisier, Antoine-Laurent de. Traité élémentaire de chimie, présenté dans un ordre nouveau, et d'après les découvertes modernes. 2 vols. París: Cuchet, 1789.
Mortensen, Chris. "Change and Inconsistency". En The Stanford Encyclopedia of Philosophy, editado por Edward N. Zalta y Nodelman Uri. Verano 2022. plato.stanford.edu.
Ruzzarin, Mateus Bolson. "Metafísica y Filosofía Antigua". Clase 1 del curso Filosofía Griega Antigua (Grupo HP35). Video de la sesión en vivo. Mindshop, 2025.
———. "Metafísica y Filosofía Antigua". Clase 3 del curso Filosofía Griega Antigua (Grupo HP35). Video de sesión en vivo. Mindshop, 2025.

1 Comment
Tal vez ambos pensadores, desde sus perspectivas, estuvieron hablando de lo mismo, el PENSAMIENTO Y SUS MECANISMOS.
Por lo leo en tu ensayo, cada autor hizo un ejercicio metacognitivo intentado acercarse al Ser, entonces surge la Nada como la contraparte, ahí todo se vuelve extraño, ¿y es que no es curioso querer “ver” el pensamiento con el mismo pensamiento? jejeje
me agrada tu pregunta, me hizo recordar “Blanco” de Octavio Paz.
¿Qué es el cambio metafísico? “real irreal quieto vibrante”