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05/05/2026
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  • Heráclito y Parménides
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  • Heráclito
  • Parménides
 

¿Existe el cambio metafísico?

José Daniel Salinas Vilchis ∙ 8 minutos de lectura

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En este ensayo trataré de hacer una argumentación de por qué el cambio metafísico no existe, abordando posturas de Parménides y contrastándola con argumentos de Aristóteles y Heráclito. Estos fueron elegidos porque abordan el tema del cambio de forma contrastante; analizaré las similitudes, sus diferencias y una posible síntesis.

El plan de este ensayo es presentar los dos argumentos de Parménides que creo que pueden responder la pregunta inicial, expondré el contexto con conceptos clave y daré una breve explicación, con ejemplos de ambas perspectivas. Se expondrán las premisas que conllevan los argumentos; se contrastarán con ideas de Heráclito y Aristóteles, a las cuales se les darán dos objeciones señalando sus problemáticas. Finalmente, presentaré una posible conclusión de esta dialéctica.

¿El cambio existe? Podría decirse que no hay una sola respuesta para esto. En la era presocrática ya se hacía esta cuestión, y podríamos decir que hay dos teorías radicalmente opuestas. Heráclito sostenía que el principio del todo, del ser, es el cambio constante. Parménides, por otro lado, sostenía que el ser es permanente, uno todo continuo. Exploraremos las siguientes dos posturas; El principio de no generación y la unidad e inmutabilidad del ser.

A mi parecer, Parmenides tenía argumentos bastante convincentes para negar el cambio. En su poema, Parménides utiliza los conceptos de ser, no ser, todo, nada, como unidad continua para explicar lo que es posible y lo que no, lo que es y lo que no es.

Entonces, ¿Qué significa ser? Es lo único que realmente existe, la verdad consiste en la presencia de lo que es. El ser es uno, eterno, continuo, indivisible y pleno. No hay otra opción: es lo que es, está siendo lo que está siendo. Debido a que esta unidad está siendo, y no hay otra manera de que suceda de otra forma, el no ser o el cambio es imposible.      

¿Qué es el cambio y qué implica? Parménides lo aborda como una imposibilidad, Heráclito lo aborda como el principio de todas las cosas. Aristóteles toma una perspectiva más sintética y expone que el cambio es cuando se convierten en realidad causas ya potenciales. El cambio, dependiendo de la perspectiva, puede ser más flexible en cuanto a su definición.

Principio de no generación. Si una cosa viene a ser, viene a ser del no ser. Es inimaginable que algo que es, no sea. Por lo tanto, es inimaginable que algo venga a ser. Conclusión: el cambio no existe. (Bolson Ruzzarin, 2025, clase número 4 HP35) Parménides, en su poema, en una conversación con una diosa, explica este principio. Un cambio no puede surgir de la nada, esto es consecuencia de causas antecesoras ya preestablecidas.

Un verdadero cambio de estado sería algo generado de manera espontánea, sin causas potenciales que lo detonen. Para ejemplificar esto: una semilla está siendo un árbol en potencia, un cambio implicaría un árbol surgiendo de la nada.

Parecería que la crítica que hace Parménides aquí se refiere a una perspectiva absoluta del cambio, como si de una manera determinista expresara en este principio que sólo hay una manera en la que el proceso es, está siendo y será. No hay generación espontánea, el verdadero cambio no existe porque no hay causas que antecedan el resultado de tal cambio y, de la misma manera, no se pueden generar espontáneamente.

“Entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos” (W. Graham, 2019, 8) . Heráclito, con esta frase, contrasta la idea del argumento anteriormente citado de Parménides: habla de un cambio constante y afirma que el devenir es posible, constante e inevitable.

Una persona y el contexto que la rodea evolucionan de forma permanente. En contraste con el argumento de Parménides, esta perspectiva no es absoluta y se refiere al constante cambio de estado, no implica una existencia o no existencia. Por ejemplo, si tengo sed, esto causa que yo tome la decisión de beber agua, dando como resultado mi saciedad. Es un cambio de estado que no implica algo mayor, sino un devenir.

A esta idea Parménides diría que el río sigue siendo río, como concepto de constante movimiento. Por lo cual, contrastando con la objeción anterior, si entramos en el mismo río, este río tiene constantes que lo hacen llamarse río, invariablemente si el flujo de agua es bajo o alto, siempre transporta agua en movimiento, por lo tanto el río es.

Ambas manejan puntos de vista contrarios, que a la vez son complementarios dependiendo de la perspectiva. El constante movimiento implica un constante devenir de ser y no ser, y de ser así no podríamos nunca llegar a una verdad puesto que no hay objeto fijo sobre el cual construir conocimiento certero; solo podríamos llegar a tal conocimiento del ser si este es estable y constante. Por otro lado, tomando como ejemplo el nacimiento y la muerte de una persona, es un cambio del ser al no ser. Es una versión que contrasta con la versión absoluta de Parménides: si bien muerte y nacimiento son también palabras que significan este cambio de estado, entonces sí existe un cambio.

El principio de causalidad de Aristóteles dice que hay que hay causas, una material, eficiente, formal y final que explican la ontología del cambio. Es una forma de ver el cambio tomando en cuenta ideas de Heráclito y Parménides y crea una explicación ontológica del porqué del cambio. Un ser tiene ya capacidad en potencia de sufrir o realizar un cambio, sin recurrir a lo espontáneo; todo está siendo y las causas antes mencionadas explican la razón del cambio. Por lo tanto, Aristóteles afirma que el cambio sí existe y se puede llegar al conocimiento verdadero comprendiendo que estos cambios pasan de ser potencias a hechos.

Aunque Parménides y Aristóteles coinciden en que nada se puede generar de la nada, este último habla de este ser con potencial de cambio, lo cual implicaría que tendría posibilidades de cambio. A lo que Parménides contrastaría diciendo que las posibilidades no podrían existir, ya que implicaría varias posibilidades del ser; al concretarse una de estas, las demás posibilidades devendrían en “no ser”, por lo que sería imposible. Estas demás posibilidades necesitarían diferentes causas.

Las dos posturas, aunque más reconciliadoras, tienen una disyuntiva: la existencia del cambio o no. Siguiendo la lógica anterior, las causas no pueden anteceder algo que no es, no es verdadero. Aunque coinciden en que un hecho no puede surgir de la nada, Aristóteles sí plantea causas materiales que devendrán en posibilidades de cambio.

“El Ser es un Todo inmóvil¨. El Ser es un Todo pleno. Si le faltara algo, no sería Todo. Lo pleno no cambia, porque ya está completo. Conclusión: el Ser es inmóvil e inmortal.” (Bolson Ruzzarin, 2025, clase número 4 HP35) Parménides sostiene que el ser es un todo completo y pleno, y precisamente por esa plenitud no puede cambiar.

Si el ser cambiara, significaría que estaba incompleto y necesitaba adquirir algo que no tenía, lo cual implicaría pasar del no-ser al ser, algo imposible porque la nada no existe. Por eso, el ser permanece inmóvil e inmortal. Un ejemplo de esta idea puede pensarse en el universo concebido como totalidad: un conjunto finito de partículas que conforman toda la realidad.

Este universo, al ser un Todo, no deja espacio para un vacío ni para un “no-ser” externo; no hay lugar para que algo falte o sobre. En consecuencia, no puede devenir de la nada ni transformarse en algo distinto, porque ya está completo, pleno y determinado. Así, el universo como totalidad refleja la visión de Parménides: lo que es, es, y no puede dejar de ser.

Heráclito dice que todas las cosas pasan y nada se queda. Las transformaciones de la materia son la esencia de la naturaleza, entonces él pone como principio de todo el cambio: sin cambio no habría mundo. El fuego para Heráclito es el arkhé, el origen de todas las cosas, representa el cambio continuo, una realidad última.

Esto contrasta con el argumento principal, ya que si el ser es un todo inmóvil, este no tendría tampoco principio ni fin, estaría siempre siendo. Al inferir que hay un principio y tomando como arkhé el fuego, la única constante es el cambio. A esto le denominaba el logos, este principio inalterable que gobierna los cambios, siempre cambiando pero siempre igual.

Guthrie decía esto acerca de Parménides: la naturaleza de la realidad le llevó a concluir “que la realidad es, y debe ser, una unidad en el sentido más estricto y que cualquier cambio en ella es imposible” y por lo tanto que “el mundo tal como lo perciben los sentidos es irreal” (Guthrie 1965, 4-5). Esto contrasta con la idea de Heráclito: al percibir el todo como algo que está siendo, no puede cambiar a otra manera. Los cambios de los cuales nos damos cuenta son básicamente porque lo vemos desde una perspectiva muy pequeña, como son intrascendentes, estos son una fungen como una ilusión a nuestra perspectiva sesgada.

Ambos contrastan en la percepción de los sentidos. Mientras que Heráclito le da mucha importancia sobre todo a la vista, puesto que esta es la mejor recopiladora de evidencia, Parménides dice lo contrario. Podría ser que efectivamente hay veces que nuestros sentidos nos engañan, como diría Platón, pero también son un principio para entender la realidad. Si bien hay ocasiones en que los sentidos fallan, son un punto de partida para explicaciones más racionales y científicas.

Heráclito decía que “no es posible pisar dos veces el mismo río”, porque el agua fluye, se dispersa, vuelve a juntarse, avanza y retrocede, y en ese movimiento constante, nunca es idéntica. (W. Graham, 2019, 8) Lo mismo ocurre con el individuo: tampoco es el mismo al volver a pisar el río, pues el tiempo lo transforma a través de la experiencia y el aprendizaje.

Cuando habla del fuego como arkhé, lo describe como un ciclo de destrucción y renacimiento, un equilibrio dinámico que sostiene el mundo. Así, tanto el río como el fuego muestran que la realidad está en perpetuo cambio, reiniciándose sin cesar, y que el devenir del ser, el cambio, es la esencia de la realidad.

Me parece que discrepa con la idea de Parménides; a mi parecer él no está negando el cambio como tal, sino que lo está minimizando. Un río será siempre un río, no importa si su flujo de agua cambia durante las estaciones del año o incluso si cambia su cauce; el hecho de que esté cambiando de agua sin cesar es básicamente lo que lo hace un río. Esto hace que construyamos conocimiento a partir del concepto de río.

Pero ¿qué pasa cuando el río muere o nace? El cambio se presenta: el río que constantemente llevaba agua ahora está seco, se presenta la ausencia del agua y la ausencia del movimiento, por lo que el agua pasó de ser a no ser y el movimiento pasó de ser constante cambio al no cambio. Por otro lado, si este río nace o muere a partir de un sistema fluvial más grande debido a un glaciar, y este a su vez, por razones estacionales, deriva en la creación y muerte de ríos, el sistema fluvial solo está siendo, en su respectivo contexto.

Vuelvo a la pregunta: ¿existe el cambio metafísico? Parménides sostiene que el cambio no existe, mientras que Heráclito afirma que todo está en constante transformación; entre estas posturas opuestas, la filosofía ha intentado mediar sus contradicciones, pero en mi opinión parecen perspectivas irreconciliables, por lo que se hace imposible responder de manera definitiva.

Me parece interesante pensar que el “no cambio” podría trasladarse a lo individual como rutina: ¿significa entonces que un cambio cíclico es en realidad un no cambio, porque no introduce nada nuevo? Se supone que el cerebro registra más información cuando aprende algo distinto, entonces ¿los ciclos rutinarios que no aportan novedad se olvidan, pasaron realmente, o pasaron de ser a no ser?

Y cuando sí se aprende algo nuevo, hay cambios, el cerebro los conserva y el tiempo parece expandirse en la mente: ¿fue un devenir, un tiempo que pasó de no ser a ser significativamente? Pero entonces, ¿qué dispara este nuevo cambio, acaso el libre albedrío? Tal vez esa sería la única forma de un cambio legítimo, si es que existe.

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Bibliografía

Palmer, John. 2019. “Parménides.” En Enciclopedia de Filosofía de Stanford, ed. Edward N. Zalta. Trad. Mateus Bolsón Ruzzarin Stanford University. https://plato.stanford.edu/archives/win2019/entries/parmenides/.
Garber, Daniel W. 2010. Enciclopedia de Stanford de la Filosofía. Editado por Edward N. Zalta, Uri Nodelman y Colin Allen. Trad. Mateus Bolsón Ruzzarin. Stanford University. https://plato.stanford.edu/
Reeve, C. D. C., y Patrick Chen, S. Marc. 2016. Readings in Ancient Greek Philosophy: From Thales to Aristotle. 4ª ed. Trad. Mateus Boison Ruzzarin.

 

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