¿Qué es el arte?
Erick Barbosa Jaramillo ∙ 11 minutos de lectura
Introducción
En este ensayo filosófico el enfoque principal es responder a una pregunta fundamental: ¿qué es el arte? A lo largo del curso se abordaron distintas respuestas desde filósofos clásicos y modernos, mostrando que el concepto de arte ha sido cambiante, conforme al contexto histórico, cultural y filosófico de cada época, Mi postura es que el arte no puede concebirse solamente como un objeto meramente bonito o exclusivo, sino como una experiencia humana ligada a la sensibilidad, la percepción y la vida cotidiana.
¿Qué es la estética filosófica?
La pregunta nos conduce necesariamente a Alexander Baumgarten, ya que es en su obra, Reflexiones filosóficas, acerca de la poesía, donde se aborda por primera vez el término estética como ciencia del conocimiento sensible (Baumgarten 1975, 115). Baumgarten entiende la estética como el ámbito que estudia aquello que se conoce a través de los sentidos, particularmente lo bello que se manifiesta en el arte, y la contrapone a la lógica, concebida como la ciencia del conocimiento racional o cognitivo.
Desde esta perspectiva, la estética puede definirse tanto como la filosofía de la belleza como la filosofía del arte. Aunque se trata de dos nociones distintas, ambas se encuentran estrechamente vinculadas, pues conviven dentro de un mismo campo de reflexión. De esta relación surge una distinción frecuente entre lo que se considera buen arte, asociado al gusto y a la belleza, y el mal arte, vinculado a la fealdad.
El origen etimológico de la palabra estética proviene del griego Aisthitiki que proviene de aisthesis, término que no alude directamente al arte o a la belleza, sino a la capacidad de percibir, experimentar y sentir (Baumgarten 1975, 115). Esta raíz nos permite ampliar la comprensión de la estética más allá de los objetos artísticos tradicionales, situándola en el ámbito de la experiencia sensible en general.
Sin embargo, esta amplitud también genera un problema conceptual: ¿todo aquello que se percibe, se experimenta o se siente puede considerarse estético? La respuesta no es necesariamente afirmativa. Si bien la estética implica sensibilidad y percepción, existen otras actividades que también requieren de estas capacidades —como la introspección o la contemplación— y que no siempre producen una experiencia estética. Estas prácticas son fundamentales para la estética, pero no la definen por completo.
Desde mi postura, para que algo pueda considerarse estético es necesario que se vincule con los conceptos de belleza y fealdad, los cuales, en conjunto con la sensibilidad y la percepción, dan lugar a experiencias que evocan obras o manifestaciones artísticas. Independientemente de si estas experiencias se consideran subjetivas u objetivas, lo estético surge cuando se produce una relación significativa entre lo percibido y quien percibe.
¿Qué es un rapsoda según Platón y cómo se relaciona con la estética?
Platón, discípulo de Sócrates, fue uno de los filósofos más influyentes en la historia del pensamiento occidental y uno de los primeros en reflexionar sistemáticamente sobre el arte y la belleza. En su obra puede observarse una tensión constante entre la belleza, entendida como un bien supremo, y el arte, al que en muchos casos considera potencialmente peligroso. Un ejemplo claro de ello es su crítica a la poesía, expuesta en varios de sus diálogos y analizada junto con las artes visuales.
En el diálogo Ion, Platón describe al rapsoda como un recitador de poemas épicos en la antigua Grecia (Platón 1981, 533d.). Para Platón, el rapsoda debe ser “proteico”, es decir, capaz de transformarse y adaptarse a las distintas emociones y personajes del poema. Esto implica que, para ser un buen rapsoda, es fundamental desarrollar la capacidad de percibir y sentir, ya que solo así se puede comunicar la idea original del poema. No obstante, esta misma característica es la que lleva a Platón a desconfiar del arte, pues considera que opera más desde la emoción que desde la razón.
¿Necesitamos buenas tragedias?
Aristóteles (384-322 a.C) introduce una visión distinta del arte, particularmente a través de su análisis de la tragedia. En su obra Poética, Aristóteles introduce conceptos clave como mythos, katharsis y hamartia (Aristóteles 1974, 1449b). De estos, el mythos resulta especialmente relevante, ya que se refiere a la trama o estructura que organiza de manera coherente los elementos de una obra y les da unidad (Aristóteles 1974, 1450a).
La tragedia se presenta como el ejemplo paradigmático de una forma artística capaz de generar compasión y miedo. Estas obras suelen partir de una situación admirable y completa, para luego conducir al espectador a través de distintas emociones hasta alcanzar un tipo de placer derivado de la purificación y el aprendizaje que surge tras la caída y eventual comprensión del héroe. Este héroe suele ser un personaje con cualidades virtuosas y un estatus elevado, lo que intensifica el impacto emocional de su error y su destino.
Desde esta perspectiva, considero que sí necesitamos buenas tragedias. Aristóteles afirma que el ser humano es el ser más imitativo por naturaleza, y las tragedias ofrecen modelos narrativos que influyen en la manera en que comprendemos y evaluamos nuestras propias acciones. Este tipo de obras no solo generan placer estético, sino que también contribuyen a transformar ideologías, fortaleciendo al espectador e incentivándolo a imitar las acciones virtuosas del héroe.
¿Existe una norma del gusto?
David Hume aborda el problema en su ensayo Sobre la norma del gusto, relacionándolo con la uniformidad del sentimiento. Para él, el gusto es la capacidad de aprobar o desaprobar, esta decisión surge de una experiencia de placer o desagrado basada en el sentimiento, lo cual la vuelve, en principio, subjetiva (Hume 1989, 235).
No obstante, Hume introduce una idea fundamental: la “uniformidad del sentimiento a través del tiempo”. Esta noción sugiere que, si una gran cantidad de personas coincide en su apreciación de una obra, puede hablarse de ciertos criterios compartidos de belleza. Aunque la composición de una obra puede ser objeto de debate, el sentimiento que provoca (como la armonía, la ternura o el placer inmediato) adquiere validez precisamente porque no remite a una referencia externa, a diferencia de los juicios racionales, que pueden ser correctos o incorrectos.
A partir de esto, Hume propone ciertas reglas para reconocer la belleza, como la delicadeza del gusto, entendida como la capacidad de percibir con precisión una obra a través de los sentidos, así como la práctica y el buen sentido, que implican la comparación constante de obras para perfeccionar el juicio estético.
Coincido con Hume en que, para validar el arte, es necesario considerar el juicio de múltiples observadores. La percepción de la belleza no siempre se da de manera inmediata, ya que la experiencia inicial puede diferir de los principios generales que se forman con el tiempo. Por ello, considero que sí existe una norma del gusto, al menos a nivel general dentro de una sociedad y en que el sentimiento instantáneo percibido con nuestros sentidos es fundamental para distinguir el arte.
¿Qué es lo sublime según Kant?
Immanuel Kant sostiene en la Crítica del juicio que lo sublime se manifiesta como una experiencia de grandeza y asombro, que no es posible comprender completamente el mundo inteligible mediante una razón limitada, por lo que defiende la sensibilidad como el medio a través del cual se accede a la experiencia estética (Kant 2007, 2001). En este contexto, lo sublime se manifiesta como una experiencia que despierta sentimientos de grandeza, majestad, asombro e incluso temor, produciendo una sensación de elevación que nos sitúa por encima de lo cotidiano.
Según Kant, al determinar si un objeto es bello, el juicio lógico pasa a un segundo plano y el juicio estético, basado en la representación mental del objeto, se convierte en el factor decisivo, lo que hace que la experiencia sea fundamentalmente subjetiva.
No coincido del todo con esta postura. Retomando a Hume, considero que existen normas socialmente compartidas que influyen de manera inconsciente en nuestros gustos, al menos dentro de un contexto histórico determinado. Al reducir lo estético exclusivamente a la subjetividad, se pierde de vista el juicio lógico, la complejidad técnica y la prueba del paso del tiempo, elementos que funcionan como una balanza necesaria para reconocer una gran obra. El sentimiento por sí solo no es absoluto ni suficiente.
¿Cuál es la teoría estética moderna con más coherencia?
De las diversas teorías modernas, la propuesta que Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) plantea en sus Lecciones sobre la estética es que el arte permite a los seres humanos alcanzar una forma de autocomprensión (Hegel 1989, 12). Separa el concepto de belleza del arte y plantea que este permite a los seres humanos alcanzar una forma de autocomprensión. A través del arte, se accede a una diversidad de culturas y épocas, construyendo una historia unificada que permite comprender el desarrollo del espíritu humano.
¿A qué se refiere Schopenhauer con la voluntad y qué implicaciones estéticas tiene?
Schopenhauer define la voluntad en El mundo como voluntad y representación (Schopenhauer 2005, 215) como una fuerza invisible o impulso constante que nos conduce a actuar y desear. En relación con la estética, sostiene que la experiencia artística nos permite suspender momentáneamente esa voluntad, evitando que esta nos distraiga con preocupaciones y pensamientos ajenos al presente.
Desde esta perspectiva, al crear, contemplar o experimentar una obra, es necesario despojarnos de la voluntad y abandonar preguntas como “¿para qué?” o “¿por qué?”, para centrarnos únicamente en el “¿qué es?”. De esta manera se accede a una experiencia plenamente estética y a una comprensión más profunda de la dimensión metafísica del arte. Coincido con esta postura, ya que tendemos a juzgar las obras desde nuestras expectativas y prejuicios, cuando lo verdaderamente estético surge al dejar de lado el yo y habitar plenamente el momento.
¿Qué es el arte según Tolstói?
Lev Nikoláievich Tolstói (1828-1910), en ¿Qué es el arte?, sostiene que el arte debe transmitir valores morales, no debe basarse en la belleza, sino que debe entenderse como una actividad capaz de difundir la moral (Tolstoi 2011, 82). Para él, la belleza no es suficiente para definir el arte. Este debe funcionar como un medio de comunicación entre el artista y el público, ser accesible para todas las personas y no limitarse a una élite.
El buen arte, según Tolstoi, debe ser inteligible y comprensible, funcionando como un puente que une a las personas y contribuye al progreso del bienestar individual y colectivo. Esta visión destaca la dimensión ética y social del arte por encima de su valor estético tradicional.
¿Qué es lo apolíneo y lo dionisiaco?
Friedrich Nietzsche introduce en El nacimiento de la tragedia la dualidad entre lo apolíneo y lo dionisiaco (Nietzsche 2004, 45). Lo apolíneo, asociado al dios Apolo, representa el orden, la claridad, la razón y la unidad; mientras que lo dionisiaco, vinculado a Dionisio, simboliza el caos, el frenesí, la naturaleza y la pérdida de límites.
En el arte, estas fuerzas se manifiestan de manera complementaria y Nietzsche propone que deben coexistir en equilibrio. Un exceso de lo apolíneo puede conducir a una estética fría y calculadora, mientras que un predominio absoluto de lo dionisiaco puede derivar en una barbarie desbordada. La unión de ambas fuerzas da origen a la tragedia, entendida como el espacio donde estas tensiones se integran.
La tragedia, en este sentido, ofrece historias memorables que invitan al espectador a olvidarse de sí mismo, a vigorizarse y a mimetizar la experiencia artística que está viviendo.
¿Cómo cuestiona Yuriko Saito la visión parroquial del arte con su estética cotidiana?
Yuriko Saito, en su obra Everyday Aesthetics, cuestiona la visión parroquial del arte que lo restringe a museos o espacios institucionalizados. Su propuesta de la estética cotidiana rompe con esta idea, al afirmar que el arte y la experiencia estética están presentes en la vida diaria, en acciones tan simples como caminar, escuchar o convivir (Saito 2007, 18).
Saito arrebata el arte de la élite y lo devuelve a la experiencia común, recordándonos que lo estético no depende del contexto institucional, sino de la manera en que habitamos y percibimos el mundo.
En conclusión, el arte ha estado siempre presente en la experiencia humana, manifestándose como una fuerza dionisiaca que despierta nuestros sentidos frente a aquello que consideramos bello o estético. Cada persona experimenta el arte de manera distinta, desde lo general hasta lo cotidiano, atravesando normas sociales, decisiones colectivas, el paso del tiempo y la complejidad formal. El arte se mantiene así en un equilibrio constante entre el orden y el caos, permitiéndonos percibir el mundo a través de los sentidos y vivir una experiencia profundamente significativa.
El arte es ese puente invisible, pero palpable con el ser, que nos permite expresar aquel sentir que sobrepasa toda razón.
Bibliografía
Aristóteles. [c. 335 a. C.] 1996. Poética. Traducción de Valentín García Yebra. Madrid: Gredos.
Aristóteles. Poética. Traducido por Valentín García Yebra. Madrid: Gredos, 1974.
Baumgarten, Alexander Gottlieb. Reflexiones filosóficas acerca de la poesía. Traducido por José Antonio Míguez. Buenos Aires: Aguilar, 1975.
Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Lecciones sobre la estética. Madrid: Akal, 1989.
Hume, David. La norma del gusto y otros ensayos. Barcelona: Península, 1989.
Kant, Immanuel. Crítica del juicio. Editado por Manuel García Morente. Madrid: Espasa Calpe, 2007.
Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Traducido por Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza Editorial, 2004.
Platón. Diálogos I: Ion, Lisis, Cármides, Laques, Hipias Mayor, Hipias Menor, Protágoras. Madrid: Gredos, 1981.
Saito, Yuriko. Everyday Aesthetics. Oxford: Oxford University Press, 2007.
Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación. Madrid: Trotta, 2005.
Tolstoi, Lev. ¿Qué es el arte?. Madrid: Edaf, 2011
